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La Guerra Fría que nunca terminó

CINE, POLÍTICA Y RELIGIÓN

Dos ideologías antagonistas disputaban palmo a palmo el poder y la influencia en un prolongado conflicto que comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial y se extendió hasta fines de la década de los ’80. Estados Unidos, máximo exponente del capitalismo, contendía con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que encabezaba el bloque comunista.…

Tercer Ángel

viernes 07/08/2020

Dos ideologías antagonistas disputaban palmo a palmo el poder y la influencia en un prolongado conflicto que comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial y se extendió hasta fines de la década de los ’80. Estados Unidos, máximo exponente del capitalismo, contendía con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que encabezaba el bloque comunista.…

Dos ideologías antagonistas disputaban palmo a palmo el poder y la influencia en un prolongado conflicto que comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial y se extendió hasta fines de la década de los ’80.

Estados Unidos, máximo exponente del capitalismo, contendía con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que encabezaba el bloque comunista.

La ausencia de enfrentamientos directos durante la Guerra Fría fue compensada por la amenaza potencial permanente de la carrera armamentista y el choque constante de ideas que polarizaron al mundo en dos bandos.

A lo largo de toda la confrontación, Estados Unidos utilizóla pantalla grande y la pantalla chica como plataformas para lanzar su propaganda.Lejos de haberse extinguido, esta estrategia mediática ha perdurado hasta la actualidad.

El estreno de la segunda temporada de The Umbrella Academy en Netflix colocó nuevamente sobre la mesa un tema que también se había hecho presente en otras producciones cinematográficas del siglo pasado.

Héroes mundiales

Basada en un cómic creado por el músico e historietista Gerard Way, The Umbrella Academy sigue la historia de siete hermanos con habilidades sobrenaturales y los conflictos que atraviesan en su singular familia.

Nacieron en circunstancias extraordinarias y fueron adoptados por Sir Reginald Hargreeves, un científico multimillonario excéntrico que los trataba con frialdad y los entrenaba para convertirse en un equipo de justicieros. Pero la indiferencia paterna y la disfuncionalidad familiar terminaron alejándolos del hogar.

Tras la muerte de su padre, los hermanos Hargreeves se juntan nuevamente en la casa de su infancia,justo a tiempo para impedir que el mundo quede devastado por un cataclismo.Pero la hecatombe ocurre a pesar de sus esfuerzos.

Buscando cambiar los acontecimientos, viajan en el tiempo y aparecen a inicios de los años ‘60. El problema es que llevan el fin del mundo con ellos, sólo que esta vez acontecerá el 25 de noviembre de 1963.

¿La causa? Una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los Hargreeves se embarcan en una lucha contra reloj mientras intentan desentrañar las causas del desastre, que parece estar conectado con el plan para asesinar al presidente John F. Kennedy. La catástrofe es inminente y sólo un grupo de superhéroes estadounidenses puede impedirla.

Paz y unidad ¿bajo qué estandarte?

En 1985, cuatro años antes de la caída del muro de Berlín, se estrenó la cuarta entrega de la saga de Rocky, dirigida y protagonizada por Sylvester Stallone.

La película está colmada de propaganda antisoviética, pero el mensaje se concentra en la escena final.

Rocky Balboa se enfrenta al boxeador ruso Ivan Drago en Moscú para vengar la muerte de su amigo Apollo Creed.

Al comenzar la pelea, el público abuchea a Rocky. El soviético toma la iniciativa y parece que va a derrotarlo, pero súbitamente recibe algunos buenos golpes que lo dejan sentido.

Los espectadores empiezan a alentar al norteamericano. “Los aplausos ahora son para Rocky Balboa. De repente Moscú está a favor de Rocky” comenta el relator de la pelea.

El combate resulta en victoria para Rocky. En el discurso final se dirige a la multitud y dice: “Durante esta lucha, he visto muchos cambios, en lo que sienten por mí y en lo que yo siento por ustedes. Aquí había dos tipos matándose entre sí, pero supongo que eso es mejor que veinte millones. Lo que intento decir es que si yo puedo cambiar, y ustedes pueden cambiar, ¡todo el mundo puede cambiar!”

El film termina con los soviéticos festejando alrededor de Rocky, envuelto en la bandera de Estados Unidos.

Rocky IV final 1

“El mejor país del mundo”

La pequeña casa en la pradera es recordada por retratar la vida de la familia Ingalls y los habitantes de Walnut Grove. Su segunda temporada fue emitida entre 1975 y 1976.

Uno de los capítulos está ambientado en 1876 y muestra los preparativos que se realizan para el festejo del centenario de la nación.

Sin embargo, un aumento en los impuestos estatales genera descontento entre la población, amenazando con cancelar la celebración.

Entre los pobladores más afectados se encuentra Yuli Pyatakov, un inmigrante ruso que pierde su tierra y se ve obligado a marcharse del pueblo junto a su familia.

Al momento de la despedida, Yuli anima a sus vecinos y les recuerda las libertades que gozan. En contraste,relata las injusticias que sufrió en Rusia y afirma que no hay otro lugar como Estados Unidos.

Finaliza diciendo: “En mis oraciones doy gracias de que mi familia y yo pudiéramos venir a vivir aquí. Y pido a Dios que todos los demás que dejamos atrás también puedan venir aquí, al hogar de las libertades: Estados Unidos de América, el mejor país del mundo”.

La última escena capta al ruso izando con orgullo la bandera estadounidense.

Familia Ingalls 2

Reino humano vs. Reino divino

El mensaje de superioridad presente en la propaganda anticomunista durante la Guerra Fría (y también en la actualidad) puede tener, para algunos, justificaciones teológicas.

El lema “In God we trust” (“En Dios confiamos”) es para ellos una prueba de que Estados Unidos es un país cristiano y, por ende, una nación favorecida por Dios.

Sin embargo,varios ministros y representantes del sector evangélico protestante muestran su preocupación en relación a las formas “santificadas” de orgullo nacional.Uno de ellos es Greg Boyd, teólogo y pastor de la Woodland Hills Church en St. Paul, Minnesota.

En su libro The Myth of a Christian Nation: How the Quest for Political Power Is Destroying the Church (El mito de una nación cristiana: Cómo la búsqueda de poder político está destruyendo la Iglesia) Boyd afirma que el Reino que Cristo vino a establecer se diferencia radicalmente de cualquier versión del reino de este mundo.

A modo de autocrítica, señala que un importante segmento del evangelicalismo norteamericano se ha vuelto culpable de idolatría política y nacionalista, intentando fusionar el Reino de Dios con intereses nacionales y formas particulares de gobierno. Comenta al respecto:

“Como resultado, se ha vuelto humanamente imposible para muchos en todo el mundo escuchar las buenas noticias como buenas. En cambio, debido a sus asociaciones con el reino del mundo, escuchan el evangelio como malas noticias, como noticias estadounidenses, noticias capitalistas explotadoras, noticias ambiciosas, noticias violentas y noticias moralmente decadentes. No pueden ver la belleza de la cruz porque todo lo que la bandera de Estados Unidos representa para ellos está en el camino”.

“Mi Reino no es de este mundo”

Con este panorama, parece sensato tomar una postura como la que Mark Galli, ex editor en jefe de Christianity Today, adoptó en un artículo sobre el Día de la Independencia:

“En resumen, los Estados Unidos son una nación como todas las demás, en cierto modo bendecida por Dios, en cierto modo bajo el juicio de Dios. Y así será hasta que el Señor regrese”.

La venida de Cristo hará evidente el contraste entre su forma de gobierno y los reinos de este mundo.

En sus sueños, el rey babilónico Nabucodonosor pudo apreciar esta diferencia fundamental. El Reino de Dios se le presentó como totalmente ajeno a los imperios humanos, directamente de otra naturaleza.

Al cristiano no se le pide que deje de ser un buen ciudadano o de orar por sus gobernantes. Aún así, se lo insta a colocar el Reino de Dios como prioridad (Mateo 6:33) mientras suenan las palabras de Jesús como un recordatorio permanente: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).

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