Pablo en el Areópago 2/3: Una cita en Atenas, la mención de Epiménides y Arato, y la inspiración de hablar sobre 'el dios desconocido'.
El Areópago de Atenas, en época romana, había recuperado sus competencias religiosas, según ya se explicó. Si bien tras las reformas de Efialtes (462 a.C.) el Consejo había perdido casi todo su poder político, hacia el año 50 d.C., el Areópago recuperó prestigio y autoridad.
Cuando Pablo de Tarso fue llevado ante el Consejo era otra vez el principal órgano de gobierno de la ciudad, con atribuciones sobre educación, moral pública, cultos y —según algunas inscripciones— la supervisión de quienes enseñaban públicamente en la ciudad.
El vocabulario del autor del Libro de Hechos de los Apóstoles, el médico e historiador cristiano Lucas, discípulo de Pablo, es sugerente respecto de la presencia del nacido en Tarso ante el Consejo: ‘Epilabómenoi’ (“habiéndolo tomado/prendido“) es el mismo verbo que él usó en Hechos 16:19 -arresto de Pablo en Filipos– y Hechos 21:30 -arresto de Pablo en Jerusalen-.
Pablo de Tarso -ciudadano romano aunque no acostumbraba presumir de ello- fue “llevado” ante el Areópago, fue ubicado “en medio” del Consejo, y al final “salió de en medio de ellos” — fórmulas propias de una asamblea.

Grabado en placa de cobre a doble página publicado en 1725 en “Het Algemeen Groot Historisch, Oordeelkundig, Chronologisch, Geografisch, en Letterlyk Naam- en Woord-Boek, van den Gantschen H. Bybel” en Leyden (Países Bajos) obra de Augustin Calmet.
Es importante insistir en esto:
- Pablo no fue por su propia voluntad al Areópago, y
- él no concurrió en plan de turismo espiritual.
Lucas enmarca la escena con el comentario irónico de que los atenienses no hacían otra cosa que oír novedades (17:21); y la pregunta “¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza?“, resulta una interrogación cortés.
Entonces, no fue una predicación ni una conferencia pero tampoco una audiencia procesal.
Queda una incógnita de fondo: si la antigua ley ateniense sobre introducción de dioses no autorizados seguía operativa en los días de Roma.

Un matiz sobre el Areópago
Hacia el siglo I d.C., el Consejo no siempre sesionaba en la colina sino, en ocasiones, en la Stoa Basileios o Pórtico Real, en el ágora. Entonces, dicen algunos, “Areópago” (Hechos 17:19) puede designar al cuerpo, no al lugar.
La Stoa Basileios -excavado en 1970, por la Escuela Americana de Estudios Clásicos bajo la dirección de T. Leslie Shear Jr.- es un edificio pequeño pero de enorme peso institucional: 18 metros por 7 metros, con 8 columnas dóricas en la fachada y 4 jónicas en el interior. Hacia el 400 a.C. se le añadieron 2 alas laterales
El magistrado presidía los cultos ancestrales, los misterios, y recibía las denuncias por impiedad y homicidio, instruyéndolas antes de pasarlas al tribunal competente.
En cuanto al Consejo, sesionaba en distintos sitios según el asunto: los casos de homicidio se veían en la colina, al aire libre, por razones de contaminación ritual; pero no todos los temas.

La paradoja
Resulta llamativo que, si la escena de Hechos 17 ocurrió en el Pórtico Real, Pablo habría respondido por “divinidades extranjeras” en el mismo lugar donde 4 siglos y medio antes se había admitido la denuncia contra Sócrates por algo similar.
La acusación de Hechos 17:18 parece ser ‘katangeleús‘ de “divinidades extranjeras” (‘xénōn daimoníōn’). Es casi la imputación contra Sócrates tal como la formuló Jenofonte.
En ‘Memorables 1.1.1′, Jenofonte abre con la fórmula de la acusación: “Sócrates delinque al no reconocer a los dioses que la ciudad reconoce, e introducir otras divinidades nuevas (kainà daimónia); delinque también al corromper a los jóvenes.”
¿Lucas lo hace a propósito porque quiere que el lector culto reaccione?
En Hechos 17:23, Pablo responde con el mismo verbo: “Eso que ustedes veneran sin conocer, eso yo les anuncio” (‘katangéllō’).
La respuesta sería algo así: “No traigo una divinidad ajena a Atenas, sino que identifico a una que ustedes ya honran en su propia ciudad, en su propio altar”.

La trama
El contexto: semanas antes, en Tesalónica, a 500 km. de Atenas, el cristiano Jasón había sido acusado por judíos de actuar “en contra de los decretos del César, diciendo que hay otro rey, Jesús”.
Y estos judíos luego repitieron la acusación en Berea.
La huida abrupta de Berea había llevado a Pablo a Atenas, donde esperaba que lo alcanzaran sus amigos Silas y Timoteo.
Pero el tema de Tesalónica y de Berea -los dioses extranjeros- vuelve a aparece en Atenas. El relato:
“Y algunos de los filósofos epicúreos y estoicos disputaban con él. Unos decían:
—¿Qué querrá decir este palabrero?
Otros decían:
—Parece ser predicador de divinidades extranjeras.
Pues les anunciaba el evangelio de Jesús y la resurrección.
Ellos le tomaron y le llevaron al Areópago diciendo:
—¿Podemos saber qué es esta nueva doctrina de la cual hablas? Pues traes a nuestros oídos algunas cosas extrañas; por tanto, queremos saber qué significa esto.”
Pablo no quiere confrontar y le reconoce al Consejo que sus integrantes son “muy religiosos“, elogio ambiguo pero desarmante.
Él comienza intentando derribar la creencia de que enseñaba dioses extranjeros. Pablo había observado en la ciudad el altar “Al dios no conocido“.
En lugar de imponer un texto ajeno, él convoca un elemento de la religiosidad ateniense y lo convierte en puerta de entrada: “aquello que ustedes adoran sin conocer, eso les anuncio“.
¿Existía un ‘dios no conocido‘?
Pausanias (siglo II d.C.), al describir el desembarco en Falero -puerto natural a 6 Km. al sur de Atenas- menciona “altares de los dioses llamados desconocidos y de héroes“.
Filóstrato, en su ‘Vida de Apolonio de Tiana’, dice que en Atenas se erigían “altares de divinidades desconocidas“.
Pero las fuentes griegas hablan siempre en plural (‘agnóstois theoîs‘), mientras que Pablo cita un altar en singular.
Probablemente, Pablo adaptó al singular para su argumento monoteísta.
Otros suponen que existían tanto altares colectivos como individuales, algo posible sin que haya quedado registro.
Epiménides
Hagamos un alto en la historia: Epiménides de Creta fue un filósofo, profeta y poeta griego que vivió en el siglo VI aC.
Su maestría en sacrificios, así como sus cambios en las prácticas fúnebres, las incorporó Solón en su reforma del Estado ateniense.

Alrededor del año 632 aC el aristócrata Cilón, yerno del tirano de Mégara, intentó tomar el poder en Atenas pero, fracasado, no logró asilo de la familia de los Alcmeónidas.
Sus seguidores sí lo lograron en el templo de Erecteo -rey primitivo de Atenas y, según la mitología, hijo de «la Tierra dadora de frutos» pero criado por Atenea-, pero fueron asesinados por los Alcmeónidas dentro del templo: un sacrilegio.
Cuando 40 años después, una gran peste asoló Atenas, el consenso fue que los dioses castigaban la profanación del templo de Erecteo.
Entonces, Epiménides fue llamado para purificar Atenas de la contaminación por peste.
Según el historiador Plutarco, Epiménides no aceptó un pago por su labor, y le bastó una rama de olivo sagrado.
Diógenes Laercio afirmó que, durante aquel evento, Epiménides soltó ovejas desde el Areópago y ordenó sacrificar cada una, en el lugar donde se echara, “al dios que correspondiera“.
De ahí habrían quedado altares anónimos por toda el Ática (la región de Atenas).
Nadie discute que el culto a divinidades sin nombre existía en Atenas: la duda está en la forma exacta de la inscripción.
La mención de Pablo tiene paralelos romanos: la fórmula “sive deus sive dea” (“sea dios o diosa“) era usada cuando se ignoraba la identidad de la deidad de un lugar.
Luego, Pablo cita a Epiménidas: “(…) porque “en él vivimos, nos movemos y somos” (…)”. El problema de la atribución a Epiménides consiste en que ‘La Cretica‘, el poema del que supuestamente proviene, no se conserva en griego. Es polémica la reconstrucción que hizo J. Rendel Harris, a comienzos del siglo XX.
Pero Pablo lo conocía porque vuelve a citarlo en su Carta a Tito 1:12 (“los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos“), atribuyéndola a “un profeta de ellos“.
Los atenienses estaban enojados con los cretenses porque habían hecho una tumba de Zeus, cuando los dioses no mueren.
Y Pablo cita a Arato, poeta de Cilicia: “(…) “Porque también somos linaje de él” (…)”. Es el Verso 5 de los ‘Fenómenos‘, de Arato de Solos, con un paralelo cercano en el Himno a Zeus, de Cleantes.
En definitiva, Pablo toma frases dirigidas a Zeus y las redirige al Dios que anuncia, dando por supuesto que los poetas apuntaban —sin saberlo— a algo verdadero.

Lo nuevo
A muchos sorprende que Pablo no citara en Atenas el Antiguo Testamento.
Sin embargo es lógico: no había judíos en el Consejo, era ocioso que citara el Antiguo Testamento, probablemente confundiría aún más a quienes lo interrogaban sobre dioses extranjeros.
Y él se enfocó en conceptos propios de las filosofías del estoicismo y los epicúreos, dominantes en Atenas.
Pablo coincidió con los estoicos en la inmanencia y el orden divino, aunque rompió con su panteísmo.
Y coincidió con los epicúreos en que Dios no necesita nada de los hombres, pero él rechaza su dios indiferente.
El discurso fue desde lo general a lo específico: Dios creador → Dios providente → cercanía de Dios → absurdo de la idolatría → llamado al arrepentimiento → juicio y resurrección.
Aquí se provocó la ruptura entre Pablo y los consejeros: la resurrección de los muertos era una idea inaceptable para la mentalidad griega, que despreciaba el cuerpo. Ahí se produce la burla y la interrupción.
Cuidado: en Judea, los saduceos tampoco creían en la resurrección de los muertos.
Marcos 12:18: “los saduceos, que dicen que no hay resurrección”.
Hechos 23:8: “los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman ambas cosas“.
El propio Pablo aprovechó tiempo después las diferencias entre fariseos y seduceos acerca de la resurrección de los muertos.


El Gran Error
Muchos referentes cristianos afirman que la presentación de Pablo no resultó exitosa porque no hubo una conversión masiva.
Esto es muy relativo: ¿las conversiones ‘masivas‘ son más importantes que las conversiones ‘individuales‘?
Entonces, Felipe fue un fracasado porque le dedicó tiempo al eunuco etíope, que fue el único que se convirtió en ese relato.
Peor aún: entonces fue inaceptable lo del Espíritu Santo, que transportó a Felipe al desierto para dedicarle tiempo al eunuco cuando podría estar en una sinagoga predicando a muchos.
En el caso del Areópago, la conversión del areopagita Dionisio es comparable a la del eunuco, y además se menciona a una mujer, Dámaris, que debió ser importante para que estuviera presente en la reunión del Consejo.
Cuantitativo vs. Cualitativo: Jesús relató la parábola en la que el pastor deja a 100 ovejas para ir al rescate de 1 oveja perdida.
La Gran Pregunta a esos especuladores cristianos: ¿Jesús se hubiera sacrificado igual si solamente 1 humano (el ladrón a su lado) se hubiera convertido?
Pablo expresó en Atenas un modelo de inculturación —hablar el idioma conceptual del oyente sin diluir el contenido—, y esto fue, sin duda, una lección poderosa para misioneros que vendrían después.




