ORÍGEN DEL ATEÍSMO MODERNO

Crónica de la vanidad ilimitada

La negación de Dios es el elemento más significativo y constante de filósofos tales como Ludwig Feuerbach (1804-1872). En su obra fundamental, “La Esencia del Cristianismo”, él pretende demostrar que “la esencia misma y objetiva de la religión, especialmente de la cristiana, no es otra cosa que la esencia de los sentimientos humanos… y por tanto, [que] el secreto de la teología es la antropología” . En consecuencia, la religión sería la proyección inconsciente que hace el hombre de su propia esencia en un ser ilusorio e ilimitado –Dios- y la relación que establece con él: “El hombre convierte sus pensamientos e incluso sus afectos en pensamientos y afectos de Dios; su esencia y su punto de vista es la esencia y punto de vista de Dios”. El caso de Feuerbach desnuda la limitación conceptual del ateísmo moderno para explicar la profunda necesidad del ser humano espiritual de reencontrarse con su Creador. A propósito, la “Gestación del Ateísmo Moderno. Introducción a su Problemática”, es un ensayo redactado por Oscar Nicasio Lagunes López, estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales en el Colegio de Sonora, México; y que es interesante compartir:

por OSCAR NICASIO LAGUNES LÓPEZ

Introducción

Este artículo intenta rastrear las raíces que dieron lugar a la gestación y formación del ateísmo moderno. Por ello indaga en las doctrinas filosóficas de la baja Edad Media, del Renacimiento y de la Modernidad. Propone directrices que permiten identificar bajo qué aspecto han sido calificadas algunas posiciones filosóficas de ateas y las consecuencias teóricas y prácticas, negativas y positivas, que el ateísmo moderno representó en su momento y que sigue representando en el mundo actual.

Los gérmenes del ateísmo en el Renacimiento y su consolidación en la Modernidad

El antagonismo entre creyentes y ateos ya había sido puesto por Blas Pascal en sus 'Pensamientos' [1677]3 con las expresiones “Dios de los cristianos” y “Dios de los filósofos”. (4)

Alguien podría preguntarse legítimamente: ¿qué es el ateísmo? Puede ser definido como "la doctrina que consiste en negar la existencia de Dios". (5)

Sin embargo esta definición es sólo verbal, pues el contenido de la idea de ateísmo cambia según las distintas formas de concebir a Dios. De esta manera “[…] por falta de una definición nos sentimos, por ejemplo, constantemente embarazados al decidir sobre si un pensador, un movimiento, o una actitud pueden o no ser calificados de ateos. Así, hablando de ateísmo, unos piensan en Descartes, Spinoza, Fichte, Hegel, Heidegger, Jaspers, Wittgenstein, mientras que otros rehúsan clasificarlos de este modo.” (6)

No es fácil determinar bajo qué aspectos una doctrina filosófica puede ser considerada atea. Este problema que demanda necesariamente su solución consiste especialmente en:

"La dificultad [que] surge asimismo en el plano de las investigaciones y de los estudios psicológicos o sociológicos. ¿Habrá que considerar como ateo al que admite la existencia de un «Ser supremo», de una «Fuerza» que se haya en el origen del mundo, sin atribuirle, no obstante, caracteres personales? ¿Y qué decir de aquel que, sin negar la existencia de Dios, duda vehementemente acerca de ella? ¿O de aquel que, aun afirmando la existencia de Dios, considera este hecho como carente de significado en el plano vital? ¿O del que diciéndose ateo persigue un ideal ético? De ahí que surjan evaluaciones tan diversas sobre la amplitud del fenómeno ateo en su conjunto." (7)

Con el final de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento, el ateísmo moderno fue gestándose por varios acontecimientos que a continuación se enumeran:

1ro.: El rechazo de la metafísica como camino sólido para demostrar la existencia de Dios. (8) La negación de la metafísica en la Baja Escolástica fue llevada a cabo por dos figuras importantes de la Escuela de Oxford, Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham. (9) Este último también cuestionó la "Plenitudo Potestatis" papal al desacreditar su intromisión en asuntos políticos. El emperador Luis IV, del Sacro Imperio Romano Germánico, había rechazado la autoridad política del papa Juan XXII. Ockham se había resguardado bajo la protección del emperador e iniciado una serie de escritos contra el Papa.

2do.: El surgimiento de la ciencia moderna gracias a los trabajos de Nicolás Copérnico, (10) Francis Bacon (1) y Galileo Galilei. (12) La nueva ciencia comenzaba a ganar terreno frente a la Iglesia, quitándole el monopolio de la verdad, y confirmando paulatinamente su eficiencia, con los nuevos descubrimientos e inventos científicos durante el siglo XVI.

3ro.: La reforma protestante liderada por Martín Lutero. (13 ) La reforma fragmentó el poder de la Iglesia Católica y puso en duda la fundación divina de la misma con sus respectivas doctrinas. La teología reformada ya no se apoyaba más en la filosofía ni en la Tradición de la Iglesia, sino únicamente en la Biblia, sola fides. (14) Separada la fe de la razón, sólo quedaba lugar para el fideísmo y el escepticismo. (15) Uno de los principales escépticos modernos fue Michel de Montaigne. (16)

4to.: La creación de los nuevos estados modernos en el siglo XVIII como Inglaterra, Francia y Alemania. Las universidades de estos nuevos estados eran totalmente independientes de la autoridad eclesiástica romana. El surgimiento de los estados modernos marcaba de esta manera el final del reinado de la teología sobre otras disciplinas y consolidaba la primacía de la ciencia experimental. (17)

5to.: Los nuevos descubrimientos como la imprenta del alemán Johann Gutenberg. Con ella se difundirá exitosamente la idea de progreso basado en la razón y en la observación.

La filosofía moderna orientó sus especulaciones hacia el hombre. La reflexión sobre el hombre, por un lado, dio origen al humanismo renacentista que no negaba a Dios, pero tampoco se preocupaba mucho por el tema; y por el otro, engendró al humanismo ilustrado, totalmente ateo. (18) Estos dos humanismos son antropocéntricos y están en franca oposición al humanismo teocéntrico del Medioevo.

En el humanismo renacentista de los siglos XV y XVI desfilarán mentes prodigiosas como Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro, Pico della Mirandola. Estos humanistas pondrán su atención en la literatura griega y latina.

Prosiguiendo la tradición cosmológica de Nicolás de Cusa y Copérnico, quienes abogaron por independizar la astronomía del vasallaje teológico, Giordano Bruno exhibe sus tesis centrales en su escrito 'Sobre el infinito universo y los mundos' [1584]. (19) En esta obra G. Bruno afirma que el Universo es infinito y que hay infinitos mundos. (20)

Piensa, entre otras cosas, que Dios es el alma del Universo. (21) Por esta doctrina el Santo Oficio lo acusó de herejía, ya que negaba la trascendencia de Dios sobre el mundo. (22) Su monismo panteísta identifica a Dios con el Universo. Dice al respecto: “si bien lo miras, sucede que, así como en verdad existe un individuo infinito simplicísimo, así hay una amplísima extensión infinita, la cual está en aquél y en la cual aquél está, del mismo modo que aquél está en todo y todo está en él.” (23)

En estrecho vínculo con las exitosas ideas mecanicistas de su tiempo y el consiguiente triunfo de la ciencia moderna de Galileo, Bacon y Descartes, Thomas Hobbes, retomando dichas ideas, revolucionará la filosofía política de ese entonces depurándola del andamiaje teológico que la cimentaba. Esta nueva filosofía política fue expuesta crudamente en su libro "Leviatán" [1651]. (24)

Allí él interpretó la Sociedad/Estado y sus leyes como el producto de un pacto social. El Estado es concebido por Hobbes como un “hombre artificial” o Leviatán que no es obra de Dios, sino de los mismos hombres. (25) Por sus ideas políticas mecanicistas que ya no apelaban a Dios para fundamentar la naturaleza de la sociedad, la Cámara de los Comunes decretó en 1666 que el 'Leviatán' era un libro con tendencias ateas. (26)

Continuando la tendencia secularista de la ciencia moderna, Tommaso Campanella fue un ferviente seguidor de las ideas metafísicas de Telesio. Muchas de esas ideas metafísicas fueron similares a las de Descartes. Sus escritos más importantes son la "Apología de Galileo" [1622], (27) el "Atheismus Triumphatus" [1631] (28) y "La ciudad del Sol" [1602]. (29)

La "Apología" habla de la concordancia que debe haber entre religión y ciencia. Por eso mismo, la religión no puede estar en contra de la ciencia, ni la ciencia en contra de la religión; no puede haber dos verdades:

"Por lo tanto cada secta o religión que prohibiese a sus seguidores el estudio de la naturaleza debe ser sospechada de falsedad, pues quien teme ser contradicho por los resultados de la investigación de la naturaleza es consciente de su propia falsedad: en efecto, la verdad no contradice a la verdad, como sostiene el Concilio Laterano bajo León X y otros; y el libro de la sabiduría de Dios que se crea, no difiere del Libro de la sabiduría de Dios que se revela. […]. Por ende, aquellos que pretenden prohibidas por el cristianismo las ciencias, las especulaciones, las investigaciones naturales y astronómicas, o tienen un equívoco concepto de cristianismo, o dan a los demás motivos de desconfianza hacia él." (30)

TOMMASO CAMPANELLA

El "Atheismus Triumphatus" ofrece una reivindicación de la religión natural del hombre. En esta obra Campanella entreteje una serie de argumentos en defensa de una religión natural común a todos los hombres. Para instaurar esta religión y acabar de una vez por todas con los conflictos entre las naciones a causa de la religión, este italiano apela a los que tienen la autoridad política en esa época.

Las autoridades más importantes en aquel tiempo eran el Papa, el Rey de España, el Archiduque de Estira y Maximiliano de Baviera. En la "Ciudad del Sol" explica que los solarianos deben profesar esta religión encabezada por el Sumo Pontífice.

Más adelante, influido por estas ideas cientificistas, René Descartes en la 2da. y 4ta. partes del "Discurso del Método" [1637] (31) establece las bases para la reforma de la filosofía.

Estas bases son,

** en 1er. lugar, el método basado en la duda como medio para alcanzar la verdad, y

** en 2do. lugar, la certeza del Yo a partir de la certeza del pensamiento.

En consecuencia, según Descartes, la primera verdad irrefutable sobre la cual deberá edificarse todo el edificio de la filosofía es esta: “pienso, luego soy” (32). El sujeto será entonces el que confiera realidad y verdad al mundo, al alma y, por último, a Dios. Dios existe porque tengo en mi alma la idea clara y distinta de una substancia infinita, de un ser perfecto. (33)

Esta afirmación estaría en franco antagonismo con la metafísica escolástica que mantenía la prioridad del ser sobre el pensar: “yo existo, por eso pienso”. La filosofía racionalista de Descartes pone a la razón humana como la única garante de la verdad:

"[…] encuentro en mi espíritu dos ideas del sol completamente diversas: una tiene origen en los sentidos, y debe ser incluida en el género de las que anteriormente dije que proceden de fuera, idea por la que me parece extremadamente pequeño; la otra es extraída de las razones de la astronomía, es decir, de ciertas nociones innatas en mi, o finalmente formada por mi mismo de cualquier modo, por la que me parece varias veces más grande que la tierra. Por cierto, estas dos ideas que concibo del sol no pueden ser ambas a la vez semejantes al mismo; y la razón me hace creer que la que procede inmediatamente de su apariencia es la que le es más desemejante." (34)

DESCARTES

Este racionalismo consecuencia del empleo del método de las matemáticas en la indagación filosófica recluye a Dios en el ámbito de la conciencia y lo reduce tan sólo a una idea. En esta línea Descartes es un “teísta cuyo teísmo [es] consecuencia lógica del reconocimiento de la finitud y contingencia del yo […].” (35)

Retomando el racionalismo de Descartes y el discreto monismo panteísta de Bruno, Baruch Spinoza (3) formulaba por vez primera un panteísmo extremadamente descarado que definía a Dios como “[…] un ser absolutamente infinito, es decir, una sustancia constituida por una infinidad de atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita.” (37)

Pese a que jamás él reconoció ser ateo, los cristianos y judíos lo tildaron de tal por haber negado la trascendencia de Dios respecto al mundo. (38) Opuesto a cualquier concepción religiosa de la divinidad, Spinoza sólo considera verdadero el Dios de la razón.

En plena ilustración y dentro de la tradición empirista británica heredera de la filosofía de Ockham y Bacon, John Locke -asumiendo una posición antagónica a Descartes- dejará asentado que “Dios no nos dio ningunas ideas innatas de sí mismo” (39) y que la prueba ontológica de éste “es un mal modo de establecer la verdad de la existencia de un Dios, y de acallar a los ateos, el hacer gravitar un asunto de tantísima importancia como es ése sobre aquel único fundamento” (40).

Referirá además que es “el mayor de todos los absurdos imaginar que la pura nada […] pudiera alguna vez producir alguna existencia real” (41), puesto que “si alguien tiene la pretensión de tanto escepticismo como para negar su propia existencia […] que goce enhorabuena su amada felicidad de no ser nada, hasta que el hambre o algún otro dolor lo convenza de lo contrario.” (42)

Sin embargo, la razón por la que mereció quizá el titulo de ateo en su época, se debe a sus escandalosas consideraciones en torno a la revelación, pues en su opinión: “La razón es la revelación natural […], aumentada por un nuevo acervo de descubrimientos comunicados inmediatamente por Dios”. (43)

Concibe a Dios deístamente como también lo muestra el título de una obra suya. (44)

Apoyándose en la expresión de su cuño “asociación de ideas” y llevando más lejos aún el empirismo de su compatriota Locke, que admitía las “ideas de reflexión”, David Hume circunscribe el conocimiento humano al ámbito irrebasable de la experiencia.

Para Hume, los conceptos de “substancia” y “causalidad” son producidos por la imaginación, el hábito y la costumbre, es decir, no designan ningún sustrato metafísico que se esconda tras las percepciones sensibles por las que estas puedan ser explicadas. (45) Consecuentemente, las demostraciones metafísicas de la existencia de Dios que se basaban en ambos conceptos pasan a ser un bonito adorno con el que se intenta disfrazar de demostración lo que no es más que sofistería y engaño, puesto que: “La idea de Dios […] surge al reflexionar sobre las operaciones de nuestra propia mente y al aumentar indefinidamente […las] cualidades de bondad y sabiduría. […] toda idea que examinamos es copia de una impresión
similar
.” (46)

Según Hume es mejor plantear un sano escepticismo acerca de la naturaleza de Dios, que caer en antropomorfismos pues: “Él es infinitamente superior a nuestra limitada comprensión, y más debe considerársele como objeto de adoración en el templo, que como tema de discusión en las escuelas […]. Nuestras ideas no llegan más lejos de lo que alcanza la experiencia. No tenemos experiencia de los atributos ni de las operaciones divinas.” (47)

Deudor de las ideas de Hume, Immanuel Kant en su 'Crítica de la razón pura' [1781] (48) se pregunta qué tipo de juicio es “Dios existe”. Él responde que no puede ser analítico, tal como lo pretendía el racionalismo, porque ningún juicio de existencia es analítico sino modal, pues la existencia es la posesión absoluta de una cosa y no puede derivarse del análisis de la esencia de un concepto. Tampoco puede ser un juicio sintético, porque Dios no consta a la experiencia y menos aún puede ser un juicio sintético a priori. (49) Dios es sólo una idea regulativa de la razón, la síntesis de síntesis, el ideal supremo de la razón, (50) pues “en Dios [la razón] ha hecho ya la suprema síntesis, la síntesis en cuyo seno está contenida radical o germinalmente la última suprema razón, no sólo de las cosas que existen, el mundo, del universo, sino también de mis vivencias y de mi alma misma.” (51)

Dios existe porque existe “la ley moral dentro de mí” (52), debido a que “es imposible que no sea” y “la negación de la existencia divina es completamente la nada”. (53) Según este filósofo, cualquier demostración de la existencia de Dios o de su inexistencia llevará necesariamente a contradicciones insolubles, pues la razón humana no tiene la capacidad para conocer la existencia divina y su esencia. El problema sólo tiene solución en el ámbito de la vida práctica moral y religiosa, pues la voluntad da su asentimiento incondicional respecto a la existencia de Dios: “Tuve, pues, que suprimir el saber para dejar sitio a la fe.” (54)

Pese a los intentos fallidos de Kant por salvar la religión, el daño ya estaba hecho. El “agnosticismo kantiano” abrió así las puertas al ateísmo moderno, desde las entrañas mismas del más sólido sistema filosófico que ha producido la modernidad. (55)

Reflexión prospectiva acerca del ateísmo moderno. La deficiencia de un inapropiado punto de partida

El racionalismo cartesiano devino en panteísmo con Spinoza. Este racionalismo generó también el deísmo ilustrado francés en la Francia del siglo XVIII. Deístas franceses destacados fueron Voltaire y Rousseau. Ellos dieron más importancia a la razón, pues la bondad de Dios en un mundo donde existe el mal no puede ser justificada. (56)

Ambos rechazaron la religión revelada y, en general, todas las religiones que se expresan mediante el culto, pues encuentran que todas ellas se contradicen. Ambos proponen una religión natural sin culto, basada en el sentimiento individual en la que Dios se reduce a una experiencia personal. Los deístas no negaban la existencia de un ser supremo, pero este dios de la razón era concebido por ellos como un ser impersonal alejado de los problemas del hombre y del mundo. Todo lo opuesto al Dios de la religión revelada. El deísmo llevaría ínsita la impronta del ateísmo.

El empirismo inglés propició el surgimiento del materialismo moderno francés del dieciochesco. Este materialismo se declaraba rotundamente ateo, pues negaba teóricamente la existencia de Dios. Pioneros y representante principales de este materialismo ateo moderno francés fueron D’ Alembert, Dennis Diderot, La Mettrie, d’Holbach, Helvetius.

Todos estos filósofos franceses atacaron sine misericorde la religión revelada como el resultado de la superstición y el oscurantismo. Es por ello que:

"Tenemos de aquí en adelante todo un ateísmo de derivación materialista. Partiendo de la afirmación de la imposibilidad para el hombre de transcender la experiencia sensorial —y hasta aquí sería un agnosticismo simple— eso sirve para declarar que el hombre no puede tener otro horizonte de vida que el mundo sensible. Hay un ateísmo de derivación iluminista, racionalista que se encuentra en la actitud del pensamiento libre o del laicismo en su forma más extrema aplicada a la vida social e individual. En él se afirma que la razón humana es la única que puede explicar el origen del por qué de las cosas, del conocimiento de la naturaleza y la historia. Los grandes resultados de la ciencia de hoy suministran un buen pretexto a esta forma de ateísmo." (57)

VINCENZO ZANI

En la época contemporánea, el ateísmo moderno ha influido poderosamente. (58) En esta época encontramos principalmente tres formas de ateísmos:

** el ateísmo teórico,

** el ateísmo práctico y

** el ateísmo de la indiferencia.

El ateísmo teórico sostiene temáticamente que Dios no existe. (59)

Algunas corrientes filosóficas contemporáneas que se han inclinado por un
ateísmo teórico entre los siglos XIX y XX son, fundamentalmente, el materialismo dialéctico de Ludwig Feuerbach (60), el vitalismo de Friedrich Nietzsche (61), el psicoanálisis de Sigmund Freud (62), el materialismo histórico de Karl Marx y Friedrich Engels (63), el positivismo de Auguste Comte (64), el neopositivismo lógico de Bertrand Russell (65), la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt (Theodor Adorno, Max Horkheimer, Erich Fromm y Jürgen Habermas) (66) y el humanismo existencialista francés de Albert Camus y Jean Paul Sartre. (67)

El ateísmo práctico es aquella actitud de vivir como si Dios no existiera.

Y el ateísmo de la indiferencia es la actitud de aquellos que no ven ni sienten en la religión y en Dios un valor digno de ser perseguido y buscado, pues son problemas que no tienen importancia y relevancia para la vida. “Para el ateísmo de la indiferencia Dios está simplemente muerto. No está en cuestión su existencia o inexistencia, sino su «valor», es decir su importancia y relevancia vital, su capacidad de significar cualquier cosa para la vida.” (68)

El ateísmo de la indiferencia desvincula completamente al hombre de la praxis religiosa transformándolo en un ser obstinado que inútilmente se esfuerza por sustituir lo divino con otro tipo de bienes que, por definición, no pueden llenarlo. Así tenemos que el indiferentismo ateo:

"Es la actitud de aquellos que aunque no rechazan la existencia de Dios, sin embargo viven como si Dios no existiera. Se trata de un ateísmo al nivel de las acciones. Aquello que lo caracteriza no es la afirmación ni la negación de Dios, porque, de hecho, no se plantea tampoco el problema de su existencia, pero es la negación práctica de Dios, que puede observarse en el típico comportamiento de esas personas para las cuales es como si Dios no existiera, habiéndolo remplazado el poder, el
dinero, el éxito u otros intereses de la vida terrenal. Dado que no requiere un compromiso personal de reflexión, es la forma más extendida de ateísmo y se puede decir, en cierta medida, que ningún hombre está exento. Aunque en la pasada estructura sociocultural el ateísmo práctico contradecía generalmente al teísmo reconocido, en nuestra cultura secularizada expresa y refleja en gran medida la actitud agnóstica e indiferente del hombre, que, en cualquier acto de su vida, se comporta «como si Dios no existiera
»." (69)

MAURICIO VERA ARAÚJO y BERNHARD CALLEBAUT

Es absurda la vivencia radical de un ateísmo, sea en el orden práctico o en el teórico. Las doctrinas ateas, del matiz que sean, son la consecuencia de un inadecuado punto de partida que pervierte el orden lógico y ontológico en la explicación causal de la realidad. (70)

Últimas palabras. Observaciones críticas al ateísmo moderno

No tendría sentido la existencia humana, el orden moral, las religiones y la aspiración a una vida espiritual si en definitiva Dios no existiera y si el hombre fuera simplemente un ser material. La aspiración espiritual, sin duda, va más allá de cualquier materialismo. Si el hombre fuera sólo materia no sería consciente de ser una piedra. Los materialismos que definen al hombre como un conjunto de átomos unidos por el azar son ciegos que dicen ver un desierto donde en realidad hay un bosque.

El pensamiento humano rompe las barreras de la materialidad y dispara al hombre hacia la búsqueda del infinito incondicionado, verdad absoluta y eterna. Grandes cosmovisiones antiguas y la tradición filosófica misma han reflejado que el hombre es un ser abierto al absoluto, pues trasciende la materia mediante la búsqueda cognitiva de la verdad y el deseo volitivo del bien.

Estas son actividades espirituales que no pueden ser jamás explicadas desde un punto de vista meramente naturalista y biológico; reclaman necesariamente una explicación metafísica que dé cuenta de la naturaleza propia del hombre como “espíritu encarnado”. El hombre sigue siendo un misterio que sólo haya explicación última y definitiva en el Ser Absoluto; en el Dios que se oculta y se revela, mysterium tremens.

Por todo ello vale la pena decir con Jacques Maritain que el ateísmo no puede ser vivido en la raíz más honda de la voluntad, ni en la raíz ontológica del ser. Supuesto el caso de que pudiera serlo llevaría inevitablemente a la “disolución psíquica”, matando “metafísicamente la voluntad”; conduciría a la muerte si acaso el hombre se esforzara por vivirlo “en sus raíces ontológicas más profundas”. (71)

J. Maritain pone de ejemplo la vida heroica y trágica de Nietzsche y el personaje de Alekséi Nílych Kiríllov, en "Los Posesos", de Dostoiewski. En ambos casos, uno real y el otro hipotético, se trataba de personas ateas. El primero murió después de largos años padeciendo una locura degenerativa incurable; el segundo optó por suicidarse para confirmar que Dios no existía mediante la autoafirmación de su libertad.

Finalmente, puede concluirse que es imposible una versión científica del ateísmo. El científico que niega a Dios se sale no sólo del campo disciplinar de la ciencia particular que profese, sino también del método experimental propio de esa ciencia. Sería tan paradójico como hablar de un filósofo que se dedica a problemas de ingeniería genética o de un científico dedicado a estudiar el problema del sentido de la vida y de la libertad.

Como corolario, el texto siguiente replantea la complejidad del asunto y resalta cuál es la más común forma de ateísmo en estos últimos decenios: “¿se puede edificar un ateísmo «científico»? Es ésta, sin duda, una cuestión algo inquietante para los teóricos de los sin Dios.

Por el momento, parece que una parte muy grande de la juventud ha llegado a un estado de completa indiferencia religiosa, quizá debida, en una cierta proporción, a una transferencia del sentimiento religioso a otros objetos.” (72)


1 Este trabajo fue publicado en la Revista Philochristus, (2008), Núm. 7: 12-19.

2 Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales en el Colegio de Sonora. Correo: oscar_lagunes@hotmail.com.

3 Cf. Blas Pascal, Pensamientos, México, (s.f).

4 Blas Pascal, Pensamientos, México, (s.f), nn. 6-8.

5 Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, El ateísmo contemporáneo, Madrid, 1971, t. I/1, 33.

6 Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1971), 32-33.

7 Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1971), 33.

8 Cf. G. Ockham, Sobre la suposición, México, 1992.

9 Cf. Guillermo de Ockham, Tratado sobre los principios de la Teología, Buenos Aires, 1962.

10 Cf. Nicolaus Copernicus, Sobre las revoluciones, Barcelona, 1997.

11 Cf. Francis Bacon, Novum Organum, Barcelona, 1984.

12 Cf. Galileo, Diálogo sobre los sistemas máximos, Buenos Aires, 1975.

13 Cf. Martín Lutero, “La cautividad babilónica de la Iglesia”, en: Obras, Salamanca, 2006.

14 Cf. M. Lutero (2006), 100: “El hombre es incapaz de conectar con Dios y de actuar si no es por la única vía de la fe.”

15 Duda de la tradición de la Iglesia, de los dogmas como verdades absolutas e incuestionables, de la autoridad de los papas y los concilios, de la capacidad de la razón para conocer realidades que trascienden el plano de la experiencia sensorial.

16 Cf. Michel de Montaigne, Ensayos, México, 1999.

17 Cf. Dietrich Schwanitz, La cultura. Todo lo que hay que saber, Madrid, 2007, 133-165.

18 Cf. Giovanni Reale y Darío Antíseri, Historia de la filosofía, Bogotá, 2008. En esta obra G. Reale presenta un estupendo desarrollo del humanismo renacentista.

19 Cf. Giordano Bruno, Sobre el infinito universo y los mundos, Buenos Aires, 1981.

20 Cf. G. Bruno (1981), 111ss. Cf. Giordano Bruno, La cena de las cenizas, Madrid, 1984, 10. Las obras de este filósofo debido a su condena sólo se reeditarían hasta el siglo XVIII.

21 Cf. G. Bruno (1981), 112ss.

22 Cf. G. Bruno (1984), 9.

23 G. Bruno (1981), 84.

24 Cf. Thomas Hobbes, Leviatán, México, 1940.

25 Cf. T. Hobbes (1981), 3. La conducta del hombre será moralmente buena si se adecúa a las leyes del Estado. Esta reducción de la Moral al Derecho, también despoja a Dios como causa de la conciencia moral del hombre. En el siglo XVIII Adam Smith diría que la moral es el eco de la sociedad en la conciencia del hombre.

26 Cf. T. Hobbes (1981), Prefacio, XV.

27 Cf. Tommaso Campanella, Apología de Galileo, Buenos Aires, 2006.

28 Cf. Tommaso Campanella, Atheismus triumphatus, Parisiis, 1636. El título original de este escrito es Atheismus Triumphatus seu Reductio ad Religionem per Scientiarum Veritates. Contra Antichristianismum Achitophellisticum. Ad Divum Petrum Apostolorum Principem Triumphantem.

29 Cf. Tommaso Campanella, La ciudad del Sol, Buenos Aires, 19633.

30 T. Campanella (2006), 93-95.

31 Cf. René Descartes, “Discurso del método”, en: Obras Escogidas, 1967a, 2ª parte, 148-149.

32 R. Descartes (1967a), 4ª parte, 161.

33 Cf. R. Descartes, “Meditaciones metafísicas”, en: Obras Escogidas, 1967b, Meds. III y V, 233-252, 262-270; Cf. R. Descartes (1967a), 4ª Parte, 161-166.

34 R. Descartes (1967b), 238.

35 D. J. B. Hawkins, Problemas cruciales de la filosofía moderna, Pamplona, 1965, 32. Este autor añade más adelante (p. 33): “Ciertamente hay que preguntarse si es necesario en este punto un recurso a las
consideraciones teológicas.”

36 Cf. Baruch Spinoza, Ética, México, 1997 5.

37 B. Spinoza (1997), Parte I, Definición VI, 7.

38 Cf. Víctor Sanz Santacruz, Historia de la filosofía moderna, Pamplona, 19982, 131.

39 John Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, México, 20052, IV, 10, §. 1, 621.

40 J. Locke (2005), IV, 10, §. 7, 624.
41 J. Locke (2005), IV, 10, §. 8, 624.
42 J. Locke (2005), IV, 10, §. 2, 621.
43 J. Locke (2005), IV, 19, §. 4, 704.

44 Cf. John Locke, La racionalidad del cristianismo [1695].

45 Cf. D. Hume, Tratado de la naturaleza humana, Madrid 1923, t. I, 148.

46 David Hume, Investigación sobre el conocimiento humano, Madrid, 2007, Sección 2, 124.

47 D. Hume, Diálogos sobre la religión natural, Buenos Aires, 1973, 2ª Parte.

46 Cf. Carlos Mellizo, “Prólogo”, en: D. Hume (1973), 10: Los diálogos fueron compuestos probablemente en 1751. “Desde esa fecha hasta 1763, el libro fue leído por varios amigos de autor, los cuales le aconsejaron no publicar la obra, a fin de evitar un posible escándalo y una violenta reacción del público y de la crítica.” Sólo serían publicados hasta 1779 por su sobrino David en Edimburgo.

48 Cf. Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, México, 2006.
49 Cf. I. Kant (2006), B 619.
50 Cf. I. Kant (2006), B 607-609.
51 Manuel García Morente, Lecciones preliminares de filosofía, México, 2003, 233-234.
52 Immanuel Kant, Crítica de la razón práctica, México, 1985, 223.

53 Immanuel Kant, El único argumento posible para una demostración de la existencia de Dios¸ Buenos Aires, 2004, 147.

54 I. Kant (2006), B XXX.
55 Cf. Manfred Kuehn, Kant, Madrid, 2003, 29.
56 Cf. Voltaire, Cándido, México, 1997. Cuando Voltaire habla del mal en el mundo se está refiriendo al terremoto de Lisboa acaecido en el año de 1755, el más catastrófico en la historia, que mató a 90.000 de 270.000 personas, es decir, una tercera parte de esa población portuguesa.

57 Vincenzo Zani, “Tipologia dell’ateismo”, en: V. Araújo-B. Callebaut (e.a), Il problema ateismo. Per una comprensione del fenómeno, Roma, 1986, 60.

58Cf. Pontificia Universitas Urbaniana, Diagnosi dell’ateismo contemporáneo, Brescia, 1980, 11-50.

59 Cf. Araújo-B. Callebaut (e.a), (1986), 64

60 Cf. Ludwig Feuerbach, La esencia del cristianismo, Madrid, 1995 2.
61Cf. Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, Madrid, 2001.
62 Cf. Sigmund Freud, El malestar en la cultura, Madrid, 1999.
63 Cf. Karl Marx y Friedrich Engels, La sagrada familia, Madrid, 1977.
64 Cf. Auguste Comte, Catecismo positivista, Madrid, 1982.
65 Cf. Bertrand Russell, Por qué no soy cristiano y otros ensayos, Barcelona, 2007.
66 Cf. Max Horkheimer y Theodor Adorno, Dialéctica de la ilustración, Madrid, 20068; Cf. Jürgen Habermas, Fragmentos filosófico-teológicos. De la impresión sensible a la expresión simbólica, Madrid, 1999.

67 Cf. Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, Barcelona, 2007; Albert Camus, El extranjero, Madrid, 2006, El mito de Sísifo, Buenos Aires, 20049.
68 Araújo-B. Callebaut (e.a), (1986), 62-63.
69 Araújo-B. Callebaut (e.a), (1986), 62.
70 Cf. Karl-Heinz Weger, La crítica religiosa en los tres últimos siglos, Barcelona, 1986.
71 Jacques Maritain, Humanismo integral, Madrid, 1999, 90-91ss.
72 J. Maritain (1999), 98. Los subrayados son míos.

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