lunes 25 mayo, 2020
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DÍAS DE PANDEMIA

Por una creativa Pascua que ayude a despertar

La Pascua es un combo: Jesús, vida sin mácula, crucifixión de un inocente por los males de todos (aquel cordero en el altar del Antiguo Testamento desde la salida de Egipto) y resurrección para interceder por quienes lo acepten, a quienes escribirá en el Libro de la Vida para cuando pida cuentas a cada uno de qué hizo con su existencia. Sencillo, conmovedor, impactante. No habría expiación sin crucifixión porque la transgresión tiene un precio ante la Ley inmutable de Dios. Y no habría redención sin resurrección. En esta Pascua 2020, todo lo simbólico es muy especial. Muchos regresan a la Fe que conocieron y otros buscan un mensaje de Esperanza. Aquí un texto para compartir.

A medida que se propaga el coronavirus, se han cerrado iglesias en todas partes.

En USA, por dar un ejemplo, el 93% de las iglesias protestantes están cerradas por temor a expandir el COVID-19. Y los defensores de la libertad religiosa están preocupados por el otro 7%: ¿qué pasaría si en esas iglesias ocurriesen contagios masivos, tal como ocurrió con un templo en Corea del Sur?

Sin embargo, cerrar iglesias no ha causado que las personas pierdan interés en la religión. Más bien, el coronavirus parece estar causando que las personas reconsideren su relación con Dios.

La investigadora de opinión pública McLaughlin & Associates realizó una encuesta del 23/03/2020 al 26/03/2020 entre 1.000 posibles votantes estadounidenses (hay comicios el martes 03/11/2020). El 5% de los encuestados dijo creer que el coronavirus y el colapso económico eran signos del "juicio venidero" de Dios. Otro 17% dijo creer que el coronavirus era una "llamada de atención para que regresemos a la fe en Dios". Y otro 22% dijo creer que la pandemia era tanto una señal de "juicio venidero" como una "llamada de atención".

En total, el 44% del universo encuestado dijo creer que Dios está usando el coronavirus para enviar un mensaje.

Es curioso, y motivo de alguna otra reflexión, que nadie creyera que puede ser un desafío de Satanás, tal como le sucedió a Job, en el Antiguo Testamento. Las personas tienden a culpar a Dios tanto por el bien como el mal, y Satanás resulta un personaje casi inexistente cuando no lo es.

La apreciación de la mayoría de que es un mensaje de Dios fue reforzada por una columna de opinión en el diario The Wall Street Journal, titulado "¿Un gran despertar del coronavirus?", y que señaló: “A veces, el ingrediente más importante para la renovación espiritual es un evento cataclísmico. (...) Para las sociedades fundadas en la tradición bíblica, los cataclismos no necesitan marcar el final. Son un llamado al arrepentimiento y al avivamiento. (...) ¿Los estadounidenses, sacudidos por la realidad de un universo arriesgado, redescubrirán al Dios que se proclamó soberano sobre cada catástrofe? (...)".

Un voluntario de la Cruz Roja verifica la temperatura de una mujer sin hogar mientras distribuye alimentos y desinfectantes frente a la Plaza de San Pedro en Roma el 25 de marzo de 2020.

Jesús Online

La pandemia del COVID-19 provocó una tendencia significativa hacia el evangelismo en internet. Es difícil anticipar si el interés continuará cuando disminuya la propagación del virus pero también es cierto que vendrán nuevas dificultades provocadas o por la economía en recesión o por algunas circunstancias difíciles de anticipar.

En cualquier caso, la Fe sometida a pruebas. A causa de la mezcla de soberbia, avaricia y egoísmo que caracterizan a estos días , la fragilidad de las personas y el enorme silencio de la Civilización ante las dificultades verdaderas, no tendrá final.

"Millones de personas preocupadas que han recurrido a Google debido a su ansiedad por el COVID-19, han terminado conectándose con evangelistas cristianos en sus resultados de búsqueda, lo que ha llevado a un aumento en las conversiones en línea durante el mes de marzo", informó David Roach en Christianiy Today.

Un profesor de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) informó que las búsquedas en internet relacionadas con la oración se dispararon en 75 países a los niveles más altos en marzo en cinco años.

Tres de los mayores ministerios de evangelismo en línea —GMO (Global Media Outreach), BGEA (Billy Graham Evangelistic Association) y Cru (Campus Crusade for Christ), que reportan un acumulado de al menos 200 millones de presentaciones del Evangelio en internet al año- dicen que el número de personas que buscan información online o en línea sobre cómo conocer a Jesús ha aumentado desde que el brote de COVID-19 se declaró pandemia a principios de marzo.

Durante marzo, GMO informó un aumento de

  • 170% en los clics de anuncios en los motores de búsqueda sobre cómo/donde hallar esperanza,
  • 57% en los anuncios sobre el miedo,
  • 39% en los de preocupación,
  • 16% de aumento respecto del mes promedio en 2019 de las teleconferencias sobre el Evangelio.
ataúdes
Todo parece desolador pero es posible una esperanza.

Pascua, una esperanza

Y ahora llega la Pascua, expresión fundamental del cristianismo, renovación de la esperanza de que el presente no es el futuro, de que la esperanza existe, porque es la religión de la tumba vacía.

Confiar, tener la certeza de que Jesús regresó de la muerte hace unos 2.000 años, cambia todo: nuestras creencias, nuestra ética, nuestra política, nuestro tiempo, nuestras relaciones.

La resurrección de Jesús es el hecho más determinante del universo, el punto central de la historia.

Tish Harrison Warren, religiosa en la Iglesia Anglicana de América del Norte, miembro del Proyecto Pelican, rectora asociada en la Iglesia de la Ascensión en Pittsburgh (Pennsylvania, USA), reflexionó en Christianity Today:

"Los creyentes y los escépticos a menudo se acercan a la historia cristiana como si su principal valor fuera personal, subjetivo y autoexpresivo. Llegamos a la fe principalmente por cómo nos consuela o nos ayuda a hacer frente o presta un sentido de pertenencia. Sin embargo, sutilmente, redujimos la resurrección a un símbolo o una metáfora. La Pascua es simplemente una tradición inspiradora, una celebración del renacimiento y una nueva vida que nos llama a la mejor versión de nosotros mismos y ayuda a dar sentido a nuestras vidas.

Pero las realidades a las que nos enfrentamos ahora en una pandemia global: los hospitales y morgues abrumados, el colapso de la economía global y la aterradora fragilidad de nuestras vidas, deberían poner fin a cualquier sentimentalismo sobre la Resurrección. Para tomar prestadas las palabras de Flannery O’Connor, "Si es un símbolo, al diablo con él". (...)".

¿Y entonces, qué hacer? A medida que el virus mortal avanza por aquí y por allá, es dolorosamente claro en qué consiste y quién es la esperanza del mundo.

Aquella mañana cuando Jesús resucitó, no había expectativas de una resurrección. En verdad, algunas mujeres salieron a atender el cadáver de Jesús. Y sus discípulos permanecían perdidos en el dolor y abrumados por el miedo. El resto de Jerusalén, había seguido adelante, con su vida de todos los días. Se sentaron al desayuno como otros domingos de Pascua.

Y entonces cambió todo el cosmos.

"Aunque esta pandemia de Covid-19 no ha alcanzado la tasa de mortalidad y letalidad de la Peste Negra de 1350, la devastación económica que provoca es aún peor que el impacto directo del virus."

Deca-meron

Tish continuó: "Jesús resucitó de entre los muertos, e incluso si nunca fuera reconocido en masa, seguiría siendo el punto fijo en torno al cual el tiempo mismo gira. La verdad de la resurrección es salvaje y libre. Nos posee más de lo que podríamos poseer y continúa felizmente sin necesidad de nosotros, sin doblegarnos a nuestras opiniones al respecto. Si las afirmaciones del cristianismo son ciertas, lo son conmigo o sin mí. En cualquier día, mi creencia ardiente o mi profundo escepticismo no altera un pelo la amplitud de la realidad."

Hanz Gutiérrez, teólogo peruano, filósofo y médico, presidente del Departamento de Teología Sistemática de la Facultad de Teología Adventista italiana de "Villa Aurora" y director del CECSUR (Centro Cultural de Ciencias Humanas y Religiosas) en Florencia (Italia), recordó desde la revista Spectrum, aquel 1348, cuando Giovanni Boccaccio escribió su famoso "Decameron", la llamada 'peste negra' devastaba la ciudad en la pandemia más terrible en la historia de la Humanidad: entre 90 millones y 120 millones de personas murieron en tres continentes: Europa, África y Asia.

En Florencia, la población total en 1338 alcanzaba los 120.000 habitantes pero en 1351 eran 50.000 habitantes.

Entonces, siete jóvenes señoras invitaron a tres jóvenes a reunirse en Fiesole, una hermosa colina cerca de Florencia, para evitar la triste visión de las muertes, el riesgo de contagio y la falta de autoridad que había debilitado todos los controles sociales y morales.

Los diez pasaron las siguientes dos semanas (a excepción de cuatro días de celebraciones religiosas) improvisando, imaginando y contando una historia por día sobre un tema elegido. "Diez días" (en griego: "Deca-meron"). Una forma poco convencional de enfrentar una pandemia: el amor, el deseo y el poder de la imaginación son los factores clave para la resiliencia social y el cambio.

Aquellas historias iniciaron, en parte, la tradición humanista europea, con una recurrente ironía por el clero católico apostólico romano, tan dominante por entonces.

Aunque esta pandemia de Covid-19 no ha alcanzado la tasa de mortalidad y letalidad de la Peste Negra de 1350, la devastación económica que provoca es aún peor que el impacto directo del virus. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, 170 países ingresan a la recesión en 2020 cuando antes de la pandemia el FMI auguró un crecimiento de 160 países en 2020.

Además, Kristalina Georgieva, la directora-gerente del FMI, utilizó la palabra "incertidumbre" para describir el futuro de la economía global.

Ante esta realidad, pregunta Gutiérrez, "(...) ¿Somos capaces de imaginar un mundo diferente (...)? ¿El mensaje que estamos ofreciendo es un mensaje encantado de misericordia y reconciliación, o se ha convertido en una advertencia obsesiva y paranoica de los últimos tiempos? ¿Fingimos estar en el centro del escenario mundial o todavía somos capaces de poner al mundo en el centro de nuestros corazones y cuidados? (...)".

"Una ilustración del Calvario y la Crucifixión". Imagen de Raheel Shakeel / Pixabay / Creative Commons

Cuando el monstruo se ha liberado

  • ¿Hay una enseñanza detrás de la pandemia?: buena pregunta para estas Pascuas.
  • ¿Es un llamado al arrepentimiento una consecuencia posible?: la mayoría de los líderes cristianos no están animando a las personas a arrepentirse.
  • ¿Habrá un "gran despertar" luego de la peste?: La Biblia, que profetiza sobre pandemias (Mateo 24: 7), también anticipó que habrá un avivamiento religioso en los últimos tiempos. Pero incluirá a muchos predicadores falsos.

El profeta Isaías reprendió el reino de Judá por rechazar el mensaje de Dios:  

"Ahora ve y escribe estas palabras;
escríbelas en un libro.
Así quedarán hasta el fin de los tiempos
como testigo
de que este es un pueblo rebelde y terco
que se niega a hacer caso a las instrucciones del Señor.
Les dicen a los videntes:
«¡Dejen de ver visiones!».
Les dicen a los profetas:
«No nos digan lo que es correcto.
Dígannos cosas agradables,
cuéntennos mentiras.
Olvídense de toda esta tristeza,
apártense de su senda estrecha.
Dejen de hablarnos acerca del
“Santo de Israel”»
.
Isaías 30:8-11

Andrew Miller, en la revista The Trumpet, afirmó, considerando el caso de USA, que ocurrió un "renacimiento religioso" superficial luego de los ataques terroristas del 11/09/2001, e iglesias, sinagogas y otras casas de culto se llenaron durante algunas semanas. Pero, poco después, "la gente pronto volvió a su estilo de vida anterior después de que parecía que el peligro había pasado. Ese no es el tipo de arrepentimiento que Dios quiere."

"Las santas mujeres en la tumba" de William-Adolphe Bouguereau en 1876. Imagen cortesía de Creative Commons.

La reverenda Laura Everett, pastora de la Iglesia Unida de Cristo en Boston, y directora ejecutiva del Consejo de Iglesias de Massachusetts, escribió en Religion News:

"(…) Rodeados de tanta muerte que apenas podemos salir de nuestras casas, no se permitirá la búsqueda de huevos, ni los discursos de Pascua de los niños que reclaman sus propias palabras de liberación, ni los coros de "Aleluya", excepto tal vez una grabación en línea. (…)

Esta Pascua, miramos la muerte directamente a los ojos, como lo hizo Jesús, y lloramos. No podemos mirar hacia otro lado, por mucho que tratemos de distraernos con otras cosas. Una enfermedad hasta la muerte está en todas partes que volteamos. Esta no es la Pascua que esperaba, no es la Pascua que quiero para mi gente.

Sin embargo, esta Pascua me parece la Pascua más honesta de toda mi vida. Ya no se juega a disfrazarse.

(…) Nunca antes pasé por una plaga, pero la iglesia sí. Me he estabilizado recurriendo a las historias del obispo Richard Allen y Absalom Jones, cristianos negros que cuidaron a sus vecinos blancos durante la fiebre amarilla de 1793. He releído "Angels in America", sobre el SIDA en Nueva York en 1983, y acabo de comenzar el "Año de las Maravillas" de Geraldine Brooks, sobre la peste en Inglaterra en 1666.

Nunca me he sentido más agradecido por las historias del Éxodo. (…) Es la única forma en que sé dar sentido a esta muerte y aferrarme a la esperanza de la Pascua. (...)"

Sin embargo, en el artículo del The Wall Street Journal, Robert Nicholson, presidente de Proyecto Philos, reflexionó:

"(...) La experiencia es nueva y desorientadora. La vida había sido engañosamente fácil hasta ahora. La vida de nuestros antepasados, por el contrario, se garantizó que sería corta y dolorosa. Los afortunados sobrevivían al nacimiento. Los más afortunados lograba pasar la infancia. Apenas en los últimos 200 años la humanidad realmente despegó. Hoy día flotamos en un mundo anómalo de aire acondicionado, centros de llamadas al 911, acetaminofén (N. de la R.:  paracetamol, un fármaco con propiedades analgésicas y que baja la fiebre) y computadoras de bolsillo que contienen casi la suma del conocimiento humano. Redujimos la naturaleza a "la forma encadenada de un monstruo conquistado", tal como lo expresó Joseph Conrad, y tomamos el control de nuestro destino. Dios se volvió irrelevante.

¿Quién nos salvará ahora que el monstruo se ha liberado? (...)".

Luego él citó al historiador y profesor en Cambridge University, Herbert Butterfield:

"(...) "La absoluta tristeza del sufrimiento lleva a los hombres a una comprensión más profunda del destino humano", escribió Butterfield. A veces "es solo por un cataclismo", continuó, "que el hombre puede escapar de la red que se ha tomado tantas molestias para tejer a su alrededor".

Para las sociedades fundadas en la tradición bíblica, los cataclismos no necesitan marcar el final. Son un llamado al arrepentimiento y al avivamiento.

"Los antiguos hebreos, en virtud de los recursos internos y el liderazgo incomparable, convirtieron su tragedia, convirtieron su propia impotencia, en uno de la media docena de momentos creativos en la historia del mundo", escribió Butterfield. "Parece que uno de los hechos más claros y concretos de la historia es el hecho de que los hombres de recursos espirituales pueden no solo redimir la catástrofe, sino convertirla en un gran momento creativo".

Nuestro deseo para todos es una creativa Pascua en presencia de Jesús.

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