lunes 6 julio, 2020
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CINE EN CUARENTENA

‘Unorthodox’ (Poco ortodoxa) y la tiranía del siglo de la tecnología

Mientras desde un sitio se ve la serie, desde otra pestaña se buscan las explicaciones a los simbolismos que a simple vista se desentienden. La producción de Netflix no solo visibiliza una comunidad religiosa y cultural subalterna, sino también crea un espejismo que refleja la condición tecnológico-dependiente del mundo actual.

Aunque no todos acceden y disponen de sus beneficios, la tecnología es un imperativo de deber trasmutado en un régimen tirano que conquistó casi la totalidad de la extensión.

En este contexto, "Unorthodox" visibiliza a una comunidad detenida en el tiempo, autodefinida como una resistencia ante aquel avasallamiento.

Por motivos religiosos, culturales, económicos o todos ellos, Esty, Yanky y sus pares parecen representar la excepción a la norma.

Unorthodox y la tiranía del siglo de la tecnología

Entre fines de marzo y comienzos de abril aumentaron de forma exponencial a nivel global las búsquedas en Google acerca de qué es el Judaísmo ortodoxo. No es al azar. “Unorthodox” pone sobre tablas la flaqueza del conocimiento occidental acerca de esta cultura religiosa.

La serie de cuatro capítulos está basada en un el libro autobiográfico de Deborah Feldman publicado en 2012. La obra relata las implicancias de su decisión tras huir de la comunidad jasídica dónde nació, fundada por sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial en Manhattan.

Para consumidores del cine on demand, “Poco ortodoxa” marca un giro en el relato fílmico tradicional centrado en problemas capitalistas, dialogado en inglés y situado Estados Unidos. De esta forma, la actriz israelí Shira Haas le da voz y rostro a una mujer nunca antes representada en la cultura audiovisual masiva.

La producción es hablada principalmente en yiddish y las imágenes fueron tomadas enteramente en Berlín, destino de escape de Esty. La protagonista encarna una mujer que busca desligarse de sus funciones meramente reproductivas y que se rebela contra la figura masculina que goza del derecho a hablar, circular, reír, decidir, opinar y comunicarse con Dios.

La autora Deborah Feldman a la izquierda y la acrtiz Shira Haas a la derecha.

Aquella tecnología libertina  

Ante los problemas que pueden surgir de un matrimonio arreglado, sumado a la inexistencia de educación sexual, Esty exclama con desesperación que no entiende cuál es su error o deficiencia.

La joven de 19 años razona que cualquier otra persona buscaría en Youtube las soluciones a sus dificultades, pero ella no puede, lo tiene prohibido. Sin embargo sólo logra el espanto de su tía quien busca deshacer aquella loca idea. 

Los personajes agrandan sus ojos al enterarse de las posibilidades en el siglo de la tecnología. Pero reprimen su curiosidad, se dejan poseer por el sentimiento de culpa y frecuentemente prefieren permanecer en la ignorancia.

Se debe a que en su comunidad, Internet y los smartphones son representaciones lejanas, abstractas y censuradas de una ideología moderna y libertina de la deben mantenerse en constante alerta.

Con todo, la interpretación de lo que sucede en la serie dice más del mundo restante que de los judíos sionistas en el núcleo neoyorkino.

En la tiranía del siglo actual, los opositores se excluyen y portan la designación de ignorantes. Quienes desconocen los recovecos de la realidad virtual, viven en un universo separado.

Porque la “nueva alfabetización” no exige análisis sintáctico de oraciones sino de teclear en el sitio virtual indicado. Ya no es indispensable saber qué relieve tiene cada territorio, sino orientarse al operar una computadora. A los ciudadanos no les urge pagar la membresía a una biblioteca, sino adquirir la capacidad de seleccionar el contenido indicado en el mar de información.

No es mérito únicamente de “Unorthodox” destacar la dependencia tecnológica del mundo actual. La cuarentena por coronavirus logró en efecto poner a todos ante el desafío de interactuar, comunicarse, trabajar y abastecerse exclusivamente a través de internet.

Límites físicos y simbólicos

Esty decide escapar pero es shabat y el eruv está dañado, por lo que los vecinos del edificio se agolpan en el hall buscando alternativas para liberarse de las bolsas, coches de bebés y mochilas y así continuar con las tareas previstas en el exterior. Esto se debe a que para los judíos está prohibido trasladar objetos de un lugar a otro durante el sábado semanal y otras festividades anuales.

Pero como solución al problema, usualmente estas comunidades religiosas instalan un cable o alambre alrededor del conjunto de edificios, del barrio o ciudad cual límite simbólico dentro del cual es posible cargar cosas.

Este cerco se denomina eruv y suele estar colocado junto al cableado público. Así sucede en grandes ciudades como Londres, Viena, Estrasburgo, Rio de Janeiro y en colonias de México y otras partes del globo, además de Manhattan.

El recurso ha sido una alternativa para los judíos sionistas que, a pesar de habitar otros territorios, conservan la esperanza de regresar a la Sión a donde pertenecen espiritual y culturalmente. 

Por eso, uno de los varones de la mini serie define a su comunidad como “sionistas estadounidenses” con cierta hostilidad ante el prejuicio de un ciudadano alemán que los creyó israelíes. El sionismo es un movimiento político originado con el objetivo de formar un Estado israelí y luego de su concreción en 1948 se enfocaron en su defensa.

Dentro del eruv los vecinos se cuentan oralmente las noticias, por fuera los neoyorkinos saben todo a penas de despiertan y revisan el celular. Por dentro golpean las puertas para entablar una conversación, por fuera se desbloquea el iPhone.

En aquella subcultura las mujeres aprenden de sexualidad justo antes de casarse y de boca de una instructora. En el mundo globalizado lo único que distancia a una niña de saberlo todo es un clic en la computadora.

Si bien “Unorthodox” marca una aparente resistencia ante la fusión entre la realidad digital y la realidad física, la riqueza en simbolismos de aquella comunidad no coincide con la cultura globalizada de la transparencia y la superficialidad actual.

De esta forma, más allá del final de la serie, en el mundo físico el desenlace queda en suspenso. ¿Terminará por desdoblarse la resistencia ortodoxa ante la tecnología que todo permea y usurpa?

Cada semana el eruv se debe revisar para controlar que no esté dañado.

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