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¿QUÉ SE FIRMÓ EN 2018?

Beijing vs. Vaticano por el control sobre la “aldea litúrgica”

Al finalizar la Audiencia General del miércoles 22 de mayo de 2019, el papa Francisco hizo un llamamiento a rezar por la Iglesia Católica Apostólica Romana en China: «Que nuestra Madre del Cielo los ayude a todos a ser testigos de la caridad y de la fraternidad, manteniéndose siempre unidos en la comunión de la Iglesia universal». Es cierto que el Papa emérito Benedicto XVI estableció la Jornada Mundial de Oración por la Iglesia en China, en la fiesta de María Auxiliatora, 24 de mayo de 2007. Pero ocurrió que estaba sucediendo algo más en el vínculo bilateral entre China y el Vaticano, que llegó a la opinión pública un mes después.

El Vaticano ha expresado su “preocupación” por el registro civil al que están obligados obispos y sacerdotes chinos, pese al Acuerdo Provisional firmado el 22 de septiembre de 2018 entre Roma y Beijing. En una "Orientación pastoral de la Santa Sede sobre el registro civil del clero en China", el Vaticano lamenta la “imposibilidad de actuar pastoralmente”, a pesar “del compromiso de las autoridades chinas de respetar también la doctrina católica”.

Sucede que el clero debe declarar que acepta “el principio de independencia, autonomía y autoadministración de la Iglesia en China”. Algo que, reconoce Roma, deja “perplejos” a muchos pastores, quienes se han negado a firmar.

Dato al pasar: si esto le sucede a un poder temporal importante como lo es el Vaticano, es de imaginar el riesgo de los otros cultos cristianos en China.

Ya antes de 1949, el Partido Comunista chino había empezado a reprimir con mucha dureza a la población católica del país. En un documento del Partido desclasificado recientemente y conservado en el Archivo Municipal de Shanghai, se puede leer este objetivo expresado por el gobierno: "Cuando la lucha política y las fuerzas de producción hayan alcanzado un alto nivel de poder, entonces será posible para nosotros destruir la Iglesia Católica. Este es nuestro objetivo y luchamos para conseguirlo".

El Partido Comunista Chino tenía sus razones para sospechar de los católicos. En 1846, el papa Pío IX (Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, el 2do. pontificado más extenso en la historia de los católicos apostólicos romanos), había afirmado que el comunismo, "es totalmente contrario a la ley natural y, una vez adoptado, destruirá completamente los derechos, la libertad, la propiedad y las posesiones de todos, e incluso la propia sociedad" (Qui Pluribus 1846).

En su encíclica de 1937, 'Divini Redemptoris', Pío XI (Achille Damiano Ambrogio Ratti, primer soberano de la Ciudad del Vaticano) hizo un llamamiento a los "líderes militantes de la Acción Católica" para que ayudaran en la batalla contra las "trampas del comunismo".

En el caso de la Iglesia Católica china, su resistencia al comunismo se extendió incluso hasta las reuniones del Concilio Vaticano II, en el que el obispo de Nanjing, Paul Yu Bin, ya exiliado en la isla de Formosa o Taiwán, ofreció discurso titulado: 'Mentioning Atheistic Communism by Name' [Mencionar el comunismo ateo por su nombre]. El obispo, ya radicado en la isla de Formosa o Taiwán, pidió que el Concilio afirmara oficialmente que el comunismo es "ateísmo militante y materialismo extremo, es decir, la suma de todas las herejías" (3ra. Sesión, discursos en el Concilio, 23 de octubre de 1964).

Luego de la Revolución comunista en China, la Oficina de Asuntos Religiosos de la República Popular de China se apropió de las instalaciones y la estructura de la Iglesia Católica en ese país. En aquel 1951, Mao Zedong o Mao Tse Tung expulsó del país al Nuncio vaticano y a sus misioneros católicos, y se interrumpieron los vínculos bilaterales. En 1957 formalizó la provisión de un culto y ordenó un clero para atender esa membresía (controlado por la Asociación PatrióticaCatólica China, con 60 obispos) que lidera la Iglesia Católica China.

Desde entonces el Vaticano intenta una y otra vez la reunificación de los dos catolicismos chinos. Fueron años de clandestinidad y persecución, tal como lo sufren todos los cultos cristianos en China.

Los avances de Francisco, en especial los de septiembre de 2018, fueron muy celebrados por el Vaticano, y muy cuestionados por los críticos conservadores del pontífice, y ese contexto de disputa doméstica le concede una complicación adicional a la sensible coyuntura.

Probablemente, el Vaticano celebró con más optimismo del verdadero. Es probable que el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, se haya excedido en interpretar que había una reunificación del catolicismo chino. Fueron 30 años de negociaciones, y el texto consensuado intentó establecer la modalidad para el nombramiento de los obispos. Para el Vaticano, este texto suponía el reconocimiento de una única Iglesia católica en China, y el cese de la clandestinidad de la Iglesia católica que obedece al Vaticano.

Sin embargo, para China, evidentemente no fue así. Todo indica que no ha modificado lo informado en 2016 por Administración Estatal de Asuntos Religiosos acerca de la 9na. Conferencia Nacional de Representantes Católicos de China, una reunión que se realiza cada seis años, cuando la renovada conducción del catolicismo oficial chino decidió mantener la "independencia" de la Iglesia del país con respecto al Vaticano, y confirmó el liderazgo de la Asociación Patriótica Católica y la Conferencia Episcopal.

También así se explica la negativa del presidente chino Xi Jinping a visitar el Vaticano durante su visita a Italia, en marzo de 2019.

El paso siguiente, en mayo 2019 consistió en que los Dos Concilios Cristianos Chinos de la provincia oriental de Shandong emitieron un documento obligando al clero a incluir la ideología socialista en el contenido de sus sermones. El documento, titulado 'Plan de Implementación para llevar a cabo actividades de los cuatro requisitos en los sitios religiosos a lo largo de la provincia', obliga al clero a guiar a los creyentes para que integren los valores socialistas fundamentales en actividades colectivas religiosas y en su vida diaria.

Así, las iglesias fueron forzadas a colgar carteles propagandísticos preparados por el Gobierno con versículos de la Biblia que ilustran los doce principios de los valores socialistas fundamentales: prosperidad, democracia, civilidad, armonía, libertad, igualdad, justicia, gobierno de la ley, patriotismo, dedicación, integridad y amistad.

Un tema que no habrá pasado desapercibido para las autoridades de Beijing: en 2018, en la República Popular de China, se celebraron 48.365 bautismos en la Iglesia católica, según el Instituto Cultural Faith, con sede en Shijiazhuang, capital de la provincia de Hebei, tomando en cuenta datos provenientes de 104 diócesis católicas reconocidas por las autoridades chinas.

Aunque estas cifras son parciales, debido a la falta de estadísticas de las diócesis de la llamada Iglesia "clandestina", parecen confirmar las de 2017, y demostrar un aumento en el número de bautismos celebrados.

Los informes anuales sobre bautismo proporcionados por Faith desde el año 2000, han permitido identificar una tendencia fluctuante, que oscila desde una disminución importante entre 2010 y 2015, y un nuevo aumento a partir de 2016.

Faith, portavoz del régimen chino, considera que el cristianismo todavía tiene "un largo camino por recorrer" en China, y exhorta a los líderes de la jerarquía católica a entregar a las autoridades los documentos donde se registren los nombres de los nuevos fieles.

Si bien el Vaticano aplica una considerable sutileza diplomática en sus relaciones con terceros países, todo indica que el caso de China interrumpe ese estándar, al temer que resulte falsa su idea de deshielo en las relaciones bilaterales dado que el acuerdo "provisional" exhibe grietas.

En un comunicado difundido por el director editorial de la Santa Sede, Andrea Tornielli, se especifica que “la Santa Sede continúa trabajando, para que toda declaración, requerida en el momento de la inscripción, se ajuste no solo a las leyes chinas, sino también a la doctrina católica y, por lo tanto, aceptables para los obispos y los sacerdotes”.

Además, Tornielli asegura que el Vaticano "no peca de ingenuidad pensando que la situación es la deseable hoy en China, pero quiere demostrar que se puede mirar hacia adelante y avanzar sin desviarse de los principios fundamentales de la comunión eclesial”.

Beijing parece tener una interpretación diferente, en especial cuando los recientes sucesos de guerra comercial con USA, lleva a dirigentes del Partido Comunista Chino a aconsejar tomar recaudos en el vínculo con Occidente.

Por ejemplo, desde el 13 de mayo de 2019, varios grupos de católicos se han turnado día y noche para evitar que las autoridades locales destruyan las estatuas de la iglesia de Shengdiliang, en la Diócesis de Xiwanzi, ubicada en la provincia de Hebei. Luego de que las autoridades quitaran la cruz de una iglesia en la provincia, los fieles temen una nueva ronda de persecuciones.

Una cruz erigida en el exterior de la iglesia católica de Shenliuzhuang en la Diócesis de Handan ya había sido retirada por las autoridades a principios de mayo. Muchas parroquias de Handan han tenido que publicar avisos anunciando que "los menores (de edad) tienen prohibido el ingreso y que a los comunistas no se les permite creer en la religión".

Otro aviso publicado en las paredes dice que las iglesias establecidas sin un permiso serán demolidas. En total, 24 iglesias diocesanas han sido inscritas en una lista "para ser demolidas".

La provincia de Hebei tiene la mayor población católica en China, con aproximadamente 1,5 millón de fieles.

Las exigencias

El Vaticano pidió que el registro civil obligatorio para obispos y sacerdotes chinos sea más respetuoso con la doctrina católica y cesen "las presiones intimidatorias contra la comunidad católica no oficial como por desgracia está sucediendo".

El Vaticano publicó su documento "Orientación pastoral" porque los requerimientos de las autoridades de Beijing son resistidos por muchos sacerdotes a quienes se les reclama, entre otras cosas, formalizar su obediencia a las leyes chinas.

Fue el caso de Vincenzo Guo Xijin, quien había acordado con las autoridades chinas afiliarse a la Asociación Patriótica a cambio de su reconocimiento como Obispo auxiliar de Mindong. Los funcionarios lo consideraban un ejemplo que debía seguir el restop del clero pero el Obispo anunció que prefería renunciar al reconocimiento civil para evitar esta forma de presión a los sacerdotes. "Estoy dispuesto a afrontar la persecución", declaró.

Beijing obliga a los sacerdotes a registrarse pero en el documento se comprometen a respetar la “independencia, autonomía y autoadministración de la Iglesia” católica china, que no es la "Iglesia universal", tal como acostumbra llamarse a sí mismo el Vaticano.

Precisamente, el Vaticano afirma que si el citado documento se refiere a la normal autonomía de las diócesis, esta frase es correcta. Pero que no debe interpretarse como separación del Papa y de la "Iglesia universal".

Por ese motivo, el Vaticano propone a obispos y sacerdotes que cuando deban registrarse, que ellos mismos escriban la frase o, si no fuese posible, que la pronuncien verbalmente en presencia de un testigo: “si un Obispo o un sacerdote decide inscribirse civilmente pero el texto de la declaración de registro no parece ser respetuoso de la fe católica, especificará por escrito en el momento de la firma que lo hace sin fallando en la debida fidelidad a los principios de la doctrina católica. Si no es posible hacer esta aclaración por escrito, el solicitante también lo hará verbalmente y, si es posible, en presencia de un testigo”.

El Vaticano reclama que "debe ser respetada la libertad de conciencia y, por lo tanto nadie puede ser obligado a dar un paso que no tiene la intención de realizar".

También lamenta la "imposibilidad de actuar pastoralmente" a pesar "del compromiso de las autoridades chinas de respetar también la doctrina católica"

En cualquier caso, “a la espera de un diálogo franco y constructivo”, entre las partes para conseguir “un modo de registro civil del Clero más respetuoso de la doctrina católica”, y recuerda que “no deben ponerse en marcha presiones intimidatorias contra las comunidades católicas 'no oficiales', tal como lamentablemente ya ha ocurrido”.

El Vaticano explicó, en su documento, que “no tiene la intención de forzar la conciencia de nadie” pero entiende que “la clandestinidad no es parte de la normalidad de la vida de la Iglesia”. Por ello, “la Santa Sede continúa exigiendo que el registro civil del clero se lleve a cabo con la garantía de respetar la conciencia y las profundas convicciones católicas de las personas involucradas. Solo de esta manera se puede fomentar la unidad de la Iglesia y la contribución de los católicos al bien de la sociedad china”.

Para Roma, “afirmar que en la identidad católica no puede haber separación del Sucesor de Pedro, no significa querer convertir a una Iglesia en particular en un cuerpo extraño para la sociedad y la cultura del país en el que vive y opera”, y recuerda que el contexto actual de las relaciones entre China y la Santa Sede, “caracterizado por un diálogo consolidado entre las dos Partes, es diferente del que vio el nacimiento de organizaciones patrióticas en los años cincuenta del siglo pasado”.

Así, recuerda, “a lo largo de los años, muchos obispos ordenados sin mandato apostólico han solicitado y obtenido la reconciliación con el Sucesor de Pedro, de modo que todos los obispos chinos están hoy en comunión con la Sede apostólica y desean una integración cada vez mayor con los obispos católicos en todo el mundo”.

“La Santa Sede continúa dialogando con las autoridades chinas sobre el registro civil de obispos y sacerdotes para encontrar una fórmula que, en el acto de registro, respete no solo las leyes chinas sino también la doctrina católica”.

Al mismo tiempo, “la Santa Sede entiende y respeta la elección de quienes, en conciencia, deciden no poder registrarse en las condiciones actuales”, pese a “las pruebas que todos enfrentarán”.

La hoja de ruta

Cuando se firmó el acuerdo, en septiembre de 2018, se acordó que los nombramientos de los obispos se harían de forma conjunta, y reservando al Papa el derecho de veto.

El acuerdo, de carácter provisional, se acordó revisarlo periódicamente (se especuló con dos años para una primera negociación).

Y la formalidad -sin conocerse todo el contenido- fue muy criticado por por gran parte de los obispos católicos residentes en el país asiático quienes, durante años, sufrieron las persecuciones del Gobierno comunista.

Por ejemplo, el cardenal Joseph Zen Ze-kiun, acusó al Vaticano de haberlos "vendido".

La cultura católica china ha preservado prácticas devocionales que Occidente ya ha dejado de lado. La devoción al rosario, al Sagrado Corazón de Jesús y las letanías diarias siguen siendo muy habituales en China. Sólo los sacerdotes que reciben su formación en USA o en Europa occidental muestran reparos hacia el rito preconciliar de la misa romana. La misa latina tradicional se celebra en China, y esto provoca la simpatía del clero más conservador en USA, por ejemplo.

Precisamente, en el sector conservador de la Iglesia Católica estadounidense, el acercamiento del papa Francisco al gobierno del presidente Xi Jinping fue evaluado con mucho recelo al considerarse que fortalecía el papel de China en el mundo occidental. De inmediato, el gobierno de Donald Trump tomó distancia del Vaticano, más allá de que a Trump nunca le cayó bien Francisco, a quien consideró muy cercano a Barack Obama.

Pero el clero católico estadounidense, involucrado en tantos escándalos de prácticas sexuales reñidas con el celibato, y en muchos casos violatorios del Derecho Penal, no estaba en condiciones de alzar demasiado su voz.

China firmó el acuerdo de septiembre de 2018 porque consideró que reforzaba su autoridad moral en los centros de poder occidentales y avanzaba en la ocupación de un espacio cultural que pertenecía a USA.

El Vaticano, por su lado, lograba pacificar las relaciones de sus fieles con el Gobierno chino y poner fin a la persecución. También creyó obtener la llave de un mercado inmenso, tanto en el rubro de vocaciones (sumar clérigos) como de devotos, fundamental para compensar la crisis que sufre en otros territorios donde ya no atrae ni el celibato ni el culto católico porque se expanden las corrientes evangelistas.

En China hay 12 millones de católicos oficiales y unos 40 millones de cristianos, aunque hay quienes especulan que hay muchos creyentes silenciosos, que podría duplicar la cifra.

El Vaticano llegó a especular que China podría convertirse en 2030 en el país de mayor población cristiana del mundo, con 247 millones de creyentes.

Sin duda, fue una subestimación llamativa de la perspectiva que el ateo Partido Comunista Chino tiene de su propia cultura, su territorio y su construcción social. China en el siglo 21 no es el Imperio Romano en su decadencia, por buscar un hecho histórico anterior, en el que una negociación con el Estado, le permitió al Vaticano un beneficio concreto en términos de poder terrenal.

El otro rostro del vínculo Vaticano / Beijing

En Spokane (Washington), los católicos conservadores estadounidenses realizaron la Conferencia anual sobre Sagrada Liturgia, en la que participaron el arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone; y los obispos Thomas Daly (de Spokane) y Robert Vasa (de San Santa Rosa, California).

La conferencia estaba organizada por la Schola Cantus Angelorum (SCA), una schola femenina formada en 2007 en respuesta a la petición del entonces papa Benedicto XVI de que la liturgia católica se celebrara con el esplendor y la solemnidad del canto gregoriano.

El cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, se sumó al evento por medio de una entrevista grabada hace algunos meses para ser emitida ahora por video.

El cardenal Zen se ha distinguido como defensor de la integridad de la Iglesia en China, y la integridad de la liturgia católica, tal como era celebrada después del Concilio de Trento y hasta el Concicilio Vaticano II. Él y varios sacerdotes chinos han apoyado activamente a un grupo de jóvenes católicos chinos en el territorio chino de statu-quo especial Hong Kong, cada vez más numeroso, que han formado una comunidad alrededor de la misa latina.

Para comprender la intervención del cardenal Zen en el contexto político y religioso chino, Anthony E. Clark -profesor asociado de Historia de China en la Whitworth University y autor, entre otros, del libro China’s Saints: Catholic Martyrdom During the Qing, 1644-1911 [Los santos de China: martirio católico durante la dinastía Qing (1644-1911)]-, explicó a los presentes todos los antecedentes, y esto lo difundió The Catholic World Report, y tradujo la web Religión en Libertad. Así puede comprenderse el contexto de los obstáculos que permanecen, y obstaculizan la normalización del vínculo:

"(…) Dado que China estuvo muy aislada del resto de la Iglesia durante las transformaciones radicales que tuvieron lugar durante el Concilio Vaticano II y después, la realidad devocional y litúrgica en China ha seguido siendo lo que yo llamo una "aldea litúrgica" hasta los años 90. De hecho, gracias, en gran parte, al haber estado protegida por la liturgia preconciliar, la Iglesia en China ha orquestado estratégicamente su propia supervivencia bajo las autoridades comunistas post-1949, que exigían la independencia eclesial de la Sede Apostólica, del Obispo de Roma y de las decisiones administrativas emitidas por el Vaticano.

(…) en 1948, el obispo Antonio Riberi organizó el Shengmujun, la Legión de María en China, una organización de élite formada en su mayoría por jóvenes católicos que se convirtieron en activistas anticomunistas. Como respuesta, el nuevo gobierno de Mao dirigió su objetivo contra la Iglesia católica, a la que definió como uno de sus enemigos más peligrosos.

(…) la Iglesia organizó acontecimientos públicos de gran alcance para dirigir la revolución espiritual de los fieles. Estas protestas a gran escala, la mayoría de ellas en Shanghai, estuvieron encabezadas por el famoso obispo, monseñor Gong Pinmei. (…) El Partido consideró que esto significaba una batalla abierta entre el gobierno y la Iglesia Católica romana. (…)

En 1954, monseñor Gong Pinmei comprendió que el nuevo gobierno de China actuaría contra la Iglesia católica, y que era sólo cuestión de tiempo que esto sucediera. Ese año declaró: "Si renunciamos a nuestra fe, desapareceremos y no habrá resurrección. Si somos fieles, a lo mejor desapareceremos, pero habrá resurrección". La clave de esta afirmación es que el obispo Gong -más tarde cardenal Gong-, estaba recomendando una especie de resistencia. (...)

(...) el 8 de septiembre de 1955, monseñor Gong Pinmei y varios cientos de sacerdotes y líderes eclesiales fueron arrestados y encarcelados en Shanghai, ciudad natal del cardenal Zen. Las propiedades católicas fueron confiscadas por las autoridades locales y la nueva bandera roja china fue izada en ellas, reclamándolas para el gobierno. Algunos de estos edificios católicos siguen siendo utilizados como oficinas gubernamentales en Shanghai. El obispo Gong estuvo encarcelado en la prisión de Tilanqiao de Shangai durante cinco años antes de su juicio, tras el cual fue sentenciado a cadena perpetua por actividades "contrarrevolucionarias" contra el Estado. Durante sus años de cautiverio, a Gong se le pidió en varias ocasiones que renunciara al Papa y se uniera a la Asociación patriótica. Algunas fuentes afirman que lo único que tenía que hacer para ser liberado era asentir con la cabeza a los oficiales de la prisión.

(...) Gong fue nombrado secretamente cardenal in pectore ("en el corazón") por el papa Juan Pablo II en 1979; el obispo seguía viviendo en la cárcel de Shanghai cuando el Vaticano hizo oficial su promoción. Tras su liberación en 1986, el cardenal Gong Pinmei estuvo en arresto domiciliario hasta 1988. Supo que había sido hecho cardenal durante un encuentro privado con el Papa, en el Vaticano, en 1988; su nombramiento se hizo público en 1991.

Muchos católicos chinos tuvieron que quedarse en China durante las brutalidades de la Revolución cultural, que duró de 1966 a 1976. Las iglesias católicas fueron profanadas, destruidas o incautadas por el gobierno para uso secular. Durante esa época, las iglesias católicas de Beijing fueron vaciadas y reclamadas por el gobierno: la North Church fue utilizada como escuela de secundaria; la South Church como una fábrica de procesamiento; y la West Church se convirtió en un almacén de hierbas chinas. (…)

(…) Pues bien, ¿dónde encaja la liturgia católica en esta turbulenta historia? Después de 1949, el gobierno comunista prohibió cualquier vínculo entre la Iglesia china y el Vaticano, y estaba prohibido mencionar el nombre del Papa durante la misa. La liturgia romana se convirtió en algo similar a una "aldea litúrgica" en China hasta finales de los años 1980; en todo el país seguía utilizándose el misal preconciliar, y la formación de los seminaristas siguió siendo la de los años 50, hasta que en 1989 entró en vigor el Nuevo Rito de la Misa.

(…) Monseñor Aloysius Jin Luxian, SJ, obispo de Shanghai, que había estado en una prisión comunista de 1955 a 1982, cuando fue liberado viajó hasta Pekín para preguntar a las autoridades si el nombre del Papa podía incluirse de nuevo en la misa. El gobierno se negó, por lo que el obispo ordenó que sólo se utilizara el misal de 1962 para que el nombre del Papa pudiera mencionarse durante el Canon, dado que el rito tradicional entona el Canon en silencio, sin que lo oigan los fieles.

Así, la misa latina tradicional estuvo en uso en China hasta la Festividad de San Jerónimo en el calendario tradicional romano, el 30 de septiembre de 1989, cuando las autoridades permitieron que se mencionara al Papa en las misas, considerado como "líder espiritual" de los católicos chinos, pero no líder temporal. Esa primera misa en el nuevo rito, celebrada en Shanghai, fue presidida por el padre Joseph Zen, y el texto de la misa fue traducido al chino vernáculo por el obispo monseñor Aloysius Jin Luxian.

(…) También la arquitectura, las vestiduras sacerdotales y los objetos sagrados han sido exclusivamente chinos a los largo de estos 1300 años de historia católica en China. Las iglesias habían sido construidas según el estilo chino, las casullas había sido hechas con seda china y con patrones chinos, y China es la única Iglesia nacional que diseña y utiliza su estilo único de bonete (…). Este tipo particular de bonete es utilizado por los obispos, los sacerdotes y los acólitos -todos llevan el mismo durante la santa misa-, lo que causó mucha sorpresa entre los prelados occidentales cuando llegaron por primera vez a China y se les pidió que llevaran el mismo cubrecabeza que el resto en el altar. La "aldea litúrgica" de China ha tenido, y tiene, otras varias expresiones que son únicas y propias.

Durante la elevación de la Hostia y el Cáliz, por ejemplo, en China a menudo se encienden hileras de petardos en lugar de hacer sonar la campanilla, que era lo que se hacía en el resto del mundo para atraer la atención de los fieles hacia los elementos consagrados de la Eucaristía. Los misioneros que acababan de llegar a China a menudo enviaban cartas en las que explicaban lo sorprendidos que se quedaron la primera vez que elevaron la Hostia durante la misa y de repente oyeron una fuerte explosión de petardos. Y dado que se consideraba un gesto fundamental de reverencia el que los hombres llevaran la cabeza cubierta en las ceremonias importantes, la Santa Sede permitió que en China los hombres llevaran sombrero y las mujeres no se cubrieran la cabeza durante la consagración del pan y el vino. Y si bien el canto gregoriano era a veces entonado durante la misa, la música litúrgica china no se parecía a ninguna otra del mundo. La música litúrgica más habitual en China siempre ha tenido un tono budista, por lo que tanto los misioneros como los fieles chinos ajustaban el texto de los himnos católicos a los tonos y el ritmo de los cantos sutra. Hasta los años 90, la mayoría de las misas en China eran celebradas, de principio a fin, mientras toda la congregación cantaba himnos cristianos con una tonalidad que era idéntica a los sutras budistas; sólo durante el Canon los fieles permanecían en silencio. (…)".

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