MADURANDO, POR FAVOR

No a la envidia: Aplaudir el éxito del otro

La envidia es un sentimiento o estado mental que provoca dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro. El envidiado, por su parte, muchas veces ni se entera de que lo es, siendo el envidioso el que verdaderamente lo pasa mal. Cuando envidiamos tratamos de convencernos de que no es tanto lo que tiene el envidiado, tratamos de infravalorar sus logros o su éxito. “Su trabajo no es tan bueno, los hay mejores”, o “No es tan inteligente como parece” o “Lo suyo es pura suerte, ya pasará”, tratando siempre de aliviar la propia envidia. Lo mejor es crear un círculo virtuoso, intentando alegrarse por el éxito ajeno.

"La paz en el corazón da salud al cuerpo; los celos son como cáncer en los huesos."
Proverbios 14:30

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.”
Santiago 3:16.

"Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación."
1 Pedro 2:1

"El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante."
1 Corintios 13:4

Tener envidia es algo normal. Somos personas con sentimientos, altibajos e inseguridades. Lo importante es aceptar la emoción y liberarla, acción que es difícil pero posible, y hasta bastante frecuente. Hacerlo no nos convierte en una mala persona.

Puede pasar ante algún competidor cuyo éxito puede lograr que se hunda un poco una parte de uno.

Una posibilidad es seguir renegando, quejarse y sentirse mal por esa envidia o celos. Sin embargo, hay una alternativa: intentar analizar este malestar, preguntarme las razones, averiguar más cosas sobre uno mismo y hacer algo al respecto.

Es muy difícil que surja la alegría altruista pero si ocurriese, esta cualidad permitiría escapar de los estados mentales en que quedemos atrapados.

Cualquiera que padezca de depresión sufre una falta de alegría por los otros. No siempre se pueden tener ocasiones alegres, pensamientos felices, pero si nos alegrarámos por el bien de otros, con seguridad encontraríamos motivos para ser felices.

La fuerza que aporta este tipo de felicidad, libera. La cualidad de la alegría compartida pone en tela de juicio los arraigados supuestos acerca de la soledad, la pérdida y la felicidad, y muestra otra posibilidad.

Buena parte del sufrimiento de las personas procede del efecto constrictivo que producen los sentimientos negativos hacia una o varias personas.

Juzgamos a alguien, lo comparamos con nosotros mismos, lo rebajamos, lo envidiamos y nosotros mismos sufrimos las consecuencias sofocantes de esas limitaciones.

Es importante analizar de qué tienes envidia exactamente.

Denise Duffield-Thomas aconseja analizar qué provoca en tí, qué pensamientos o emociones se despiertan. Por ejemplo:

** "Yo no me merezco eso",
** "Es demasiado para mi",
** "Hay que ser mala persona para llegar ahí",
** "Es demasiado trabajo".

Motivos por los que vale la pena alegrarse por el éxito de otros:

** Si alguien consigue el éxito con su esfuerzo, nos anima a decirnos que también podemos lograrlo.

** El éxito del otro se convierte en el mejor ejemplo de que nuestros sueños son posibles y trabajar por ello.

** Celebrar los éxitos de los demás, en especial si son personas que te importan –amigos, familiares– porque te ayuda a sentirte más unido a ellos y a afianzar las relaciones.

Alegrarte de los éxitos de los demás te ayuda a dejar de compararte con los otros. Que a una persona le haya ido bien en un determinado ámbito no significa que no tenga problemas ni dudas en otros. Pensar que a los demás todo les resulta más fácil que a nosotros nos ubica en una situación de víctimas que nos impide creer en nuestras propias posibilidades.

Coach, escritor y conferenciante, el español Iván Ojanguren Llanes afirma:

"Cuando alguien te dice lo bien que le ha ido en algún aspecto de su vida te invito a que simplemente te alegres. Ya está. No tienes que hacer nada más. No pienses. Simplemente alégrate y muestra tu alegría a la otra persona. (…) Además, alegrándote consigues dos cosas. Por un lado recibes el estímulo directo de la alegría: esa emoción tan necesaria en nuestras vidas (solo por esto ya merece la pena que te alegres); por otro le entregas a la otra persona lo que se llama el «refuerzo positivo», de forma que esa persona entienda que eso que le está pasando está «bien» y podrá repetir lo que hizo en el futuro para seguir cosechando éxitos."

A propósito, hay un texto al respecto en "Mentor 101", libro del pastor evangélico, conferencista, coach y experto en liderazgo John Calvin Maxwell, educado en el Seminario Teológico Fuller, que resulta muy importante, bajo el título "¿Qué debo hacer si me superan?":

"¡No hay mejor logro para los mentores que cuando la gente a la que ayudaron a crecer los supera!

Desde el principio de mi carrera fui muy afortunado. A los cuatro años de edad ya sabía lo que quería hacer en la vida; y crecí en un hogar con un padre que tenía experiencia y éxito en la profesión en la que lo seguiría.

Es la misma situación de la familia Manning en el fútbol americano. Peyton y Eli Manning, exitosos mariscales de campo de la NFL (National Football League) crecieron en la casa de Archie Manning, quien jugó para los Santos de Nueva Orleáns; como resultado, tenían un arranque en el fútbol americano que el noventa y nueve por ciento de los otros niños no tenían.

Además de la experiencia y orientación que recibí con sólo estar cerca de mi padre, me beneficié con su fuerte liderazgo y su manera de ser mentor. Era muy estratégico en mi desarrollo, identificando y animando mis fortalezas desde temprano. Me envió a muchos seminarios de Dale Carnegie antes de que me graduara de la preparatoria, dirigió mi crecimiento con mucha lectura y me llevó a ver y conocer a algunos de los mejores predicadores de la época. Las ventajas que recibí son bastantes como para mencionarlas todas, y estoy muy agradecido por ellas.

El resultado de mi educación fue que vi el éxito desde el inicio en mi carrera. Fui el primero en alcanzar muchas cosas dentro de mi denominación: fui la persona más joven que fue electa para una oficina nacional, fui el primer pastor en cambiar el nombre de la iglesia para alcanzar mejor a la comunidad, fui el más joven en escribir su primer libro, y tuve la primera iglesia con una asistencia promedio de más de mil personas cada domingo.

Desafortunadamente durante esos años, seguramente fui el pastor más solitario en mi denominación. La buena noticia fue que cuando fracasé, mucha gente estaba dispuesta a compadecerse de mí; pero cuando tuve éxito pocos celebraron. Pensé que mis colegas y yo estábamos en el mismo equipo, pero evidentemente no lo vieron de esa manera, muchas veces Margaret y yo celebramos solos.

LOS BUENOS MENTORES APRENDEN EL PRINCIPIO DE LA CELEBRACIÓN

Esas experiencias tempranas nos enseñaron mucho. De ellos aprendimos el Principio de la Celebración: la verdadera prueba de las relaciones no sólo es qué tan leales somos con los amigos cuando fracasan, sino qué tan felices estamos cuando tienen éxito. También aprendimos algunas cosas que posiblemente encontrará valiosas:

LA GRAN ALEGRÍA DEL LOGRO SE DISMINUYE CUANDO NADIE CELEBRA CON USTED

Cuando fui a la conferencia de mi denominación en mi primer año como pastor, estaba feliz de las cosas que pasaban en mi iglesia. Estaba ayudando a las personas, y pensé que realmente estaba cambiando las cosas en mi comunidad, mi entusiasmo era infinito. Pero para mi sorpresa, ¡nadie compartía mi felicidad! La gente me veía con escepticismo o desdén, esto realmente desinfló mis emociones.

Las palabras del dramaturgo Oscar Wilde fueron verdad: «Cualquiera puede simpatizar con el sufrimiento de un amigo, pero se requiere de una muy fina naturaleza para simpatizar con el éxito de un amigo».

Después de que Margaret y yo lo habláramos, decidimos que nunca dejaríamos que la carencia de entusiasmo de los demás disminuyera el nuestro, y también determinamos que celebraríamos con los amigos cuando tuvieran éxito ¡y ser aun más entusiastas con ellos cuando nos superaran!

Esa es una de las razones por las que me encanta dar conferencias a líderes jóvenes, me da la oportunidad de celebrar con ellos y abanderar su éxito. Quiero que se sientan animados y que persigan sus sueños. No se sabe lo que puedan lograr sabiendo que los demás quieren que triunfen.

MUCHA GENTE SE IDENTIFICA CON EL FRACASO, POCA GENTE SE IDENTIFICA CON EL ÉXITO

Muchos años atrás escribí un libro llamado El lado positivo del fracaso. Mientras trabajaba en él, daba conferencias del tema por todo el país, y me di cuenta que todos nos identificamos con el fracaso. De hecho, cuando le dije a la gente que tenía que aprender a usar sus errores como escalones para el éxito fracasando de manera positiva, la reacción del público fue audible, pues querían aprender como fracasar de esa manera.

Lo que descubrí con el paso de los años de trabajar con la gente es lo siguiente: uno puede ser capaz de impresionarla con su éxito pero si quiere influenciarla, comparta sus fracasos. Todos tienen fracasos, así que es una buena manera de conectarse.

El problema es que como la gente inmediatamente se identifica con el fracaso, algunas veces les cuesta mucho trabajo conectarse con el éxito. Y si no se identifican con el éxito puede que lo resientan.

LO QUE DIFICULTA QUE LAS PERSONAS TENGAN ÉXITO A MENUDO LES IMPIDE CELEBRAR EL ÉXITO DE LOS DEMÁS

Con frecuencia las mismas características que impiden que la gente obtenga el éxito: seguridad emocional, la escasez de perspectiva, mucha envidia, etc., son las que les impiden celebrar el éxito de otros. Constantemente se comparan con los demás y se encuentran en desventaja; como resultado, les cuesta trabajo superarse.

El orador profesional Joe Larson una vez dijo: «Mis amigos no creían que me pudiera convertir en un orador exitoso, así que hice algo al respecto: ¡Salí a buscarme nuevos amigos!»

Es triste pero en ocasiones eso es lo que hace falta.

LA GENTE QUE CELEBRA CON USTED SE VUELVE AMIGA DE TODA LA VIDA

Años atrás, durante los primeros años de mi carrera, dos personas fuera de mi familia que celebraban con nosotros cuando teníamos éxito fueron Dave y Mary Vaughn. Dave estaba unos años adelante de mí en la carrera y siempre estaba listo para animarme cuando lograba una meta o superaba algún problema. Incluso cuando mi iglesia creció más que la suya y gané más notoriedad, nunca se hizo para atrás. ¡Y treinta y cinco años después él y Mary todavía celebran con nosotros!

TENGA CUIDADO CON EL MONSTRUO DE LOS OJOS VERDES

En octubre de 2003, en Catalyst, una conferencia para líderes jóvenes presentada por Máximo Impacto, habló Andy Stanley. Andy es un comunicador efectivo y auténtico, él dirige la iglesia Northpoint Community, una de las principales en el país con una asistencia de más de quince mil personas cada fin de semana (sólo por si acaso no está familiarizado con el mundo de las iglesias, eso fue lo que puso a la asistencia de Northpoint en el uno por ciento de mayor importancia de todas las iglesias en Estados Unidos).

La segunda sesión de Andy se trató de cuatro características negativas que pueden hacer que un líder tropiece: culpabilidad, enojo, codicia y envidia. Andy confesó que él en ocasiones experimenta momentos de envidia profesional cuando escucha hablar a otra persona exitosa. Él dijo: «Tengo que hacer un esfuerzo por celebrar el éxito de una persona que hace lo que yo hago».

Ese potencial de envidia se extiende incluso a los amigos más cercanos de Andy, incluyendo a Louie Giglio, quien dirige Choice Resources. Andy explicó:
Louie y yo hemos sido amigos desde el sexto grado… nos conocimos en un campamento para jóvenes bajo una litera mientras unos estudiantes del último grado se peleaban encima de nuestras cabezas… Louie es un comunicador fenomenal, cuando anuncié en nuestra iglesia que Giglio iba a hablar la siguiente semana, todos empezaron a aplaudir y tuvimos una gran asistencia ese domingo. Y después por cuatro o cinco días el resto de la semana todos mencionaban «Louie esto, Louie lo otro».

Andy continuó diciendo como Louie enseña siempre con un lleno total en sus eventos y presenta material sobresaliente; cada vez que Andy lo escucha hablar, pequeñas punzadas de envidia amenazan con levantar sus horribles cabezas.

Esos sentimientos podrían destruir la relación de Andy y Louie, y esa relación es muy fuerte. No sólo trabajan juntos en ocasiones sino que también sus familias son unidas, incluso van juntos de vacaciones. ¿Cómole hace Andy para manejar su envidia? celebrando los logros de Louis; cuando Louie da un buen mensaje, Andy va a elogiarlo y a celebrar con él, y Louie también hace lo mismo. Andy dijo: «No es suficiente pensarlo. Tengo que decirlo porque así limpio mi corazón, celebrando es como se derrota a la envidia».

CONVIÉRTASE EN UN INICIADOR DE FIESTAS

Andy no está solo. Si la mayoría de la gente fuera honesta, admitiría sus sentimientos de celos o envidia cuando ve el éxito de otras personas, incluso cuando quienes lo están teniendo sean amigos cercanos o individuos de los que fueron mentores. Sé que he tenido sentimientos de envidia ¿Usted los ha tenido?, ¿cómo hacer para celebrar con los demás en lugar de ignorarlos o debilitarlos?

Inicie con estas cuatro cosas:

Dése cuenta de que no es una competencia.

Es imposible hacer algo por usted mismo que tenga una trascendencia verdadera.

Es muy difícil alcanzar el éxito sin ayuda, y aunque se vuelva exitoso, no lo disfrutará sin amigos.

La vida es mejor en una comunidad de personas que ama y que también lo aman.

La mayoría del tiempo, elijo con mi actitud si ese impacto es positivo o negativo.
La mayoría del tiempo, elijo con mi actitud si ese impacto es positivo o negativo.

Cuando reflexiono en el valor de la comunidad, muchas cosas vienen a mi
mente.

Mi éxito puede ser alcanzado solamente con los demás.
Mis lecciones pueden ser aprendidas sólo con la ayuda de los demás.
Mis debilidades pueden ser fortalecidas únicamente por los demás.
Mi servicio puede ser examinado sólo siendo líder de los demás.
Mi influencia puede ser compuesta sólo a través de los demás.
Mi liderazgo puede ser enfocado solamente en los demás.
Mis mejores cosas pueden serles dadas únicamente a los demás.
Mi legado puede ser dejado sólo a los demás.

¡Así que me debería comprometer a celebrar con los demás!

Cada persona tiene un impacto en cada aspecto de la vida. La mayoría del tiempo, elijo con mi actitud si ese impacto es positivo o negativo.

La animadora Bette Midler dijo: «La peor parte del éxito es tratar de encontrar a alguien que esté feliz por usted». No vea como competencia a sus amigos, familia y compañeros de equipo, sea del tipo raro de personas que se alegran con el éxito de los demás.

CELEBRE CUANDO LOS DEMÁS VEAN EL ÉXITO

Nadie ve el éxito de la manera en que usted lo ve. Cuando se trata del Principio de la Celebración, debe estar dispuesto a ver las cosas desde el punto de vista de otros. ¿Cuáles son sus sueños?, ¿qué metas se han puesto?, ¿en qué batallas están peleando? Cuando alcanzan algo que es importante para ellos. ¡Celébrelo! Tenga especial cuidado cuando un amigo logra algo que usted ya ha alcanzado, y tal vez lo encuentra algo anticuado. Asegúrese de celebrarlo con entusiasmo. Nunca le robe el estrellato a otra persona.

CELEBRE MÁS CON AQUELLOS QUE ESTÁN MÁS CERCA DE USTED

Entre más cercana sea la gente y entre más importante sea su relación, más tienen que celebrar. Celebre pronto y seguido con aquellos que están cerca suyo, en especial con su pareja e hijos, si tiene familia. En general es fácil celebrar las victorias en el trabajo, en un pasatiempo o deporte. Sin embargo las mayores victorias en la vida son las que ocurren en el hogar.

Mi amigo Dan Reiland dice: «Un amigo genuino nos anima y desafía a hacer realidad nuestros mejores pensamientos, a honrar nuestros motivos más puros y alcanzar nuestros sueños más significativos». Eso es lo que debemos hacer con las personas importantes de nuestras vidas.

Tengo que confesar algo, no siempre he sido practicante del Principio de la Celebración en el trabajo. Siempre he celebrado en casa, pero en los primeros años de mi carrera, era muy competitivo. Estaba orientado al logro, y muy consciente de donde me clasificaba en comparación a mis colegas. Secretamente disfrutaba ver mi progreso mientras crecía en esos rangos; pero mientras iba directo a la cima, algo sucedió, el éxito de mis metas no era tan gratificante como yo esperaba que fuera. Sentí que algo me faltaba.

A finales de los años '80 e inicios de los '90 finalmente empecé a cambiar; cuando cumplí cuarenta me di cuenta de que para alcanzar mis metas necesitaría la ayuda de los demás, así que empecé a desarrollar más agresivamente a mi empleados para que guiaran. Al inicio, mis intenciones eran un tanto egoístas, pero cuando ayudé a otros a tener éxito descubrí que eso me traía una gran dicha, sin importar si me beneficiaba personalmente.

Lo que descubrí fue que el viaje es mucho más divertido si lleva a alguien con usted; es difícil tener esa perspectiva si sólo celebra su propio éxito. Si quiere que las personas lo obtengan a su lado, entonces necesita animarlas, servirles de mentor y celebrar sus éxitos. No sólo les da el incentivo de seguir esforzándose por sus sueños, sino que también les ayuda a disfrutar del viaje a lo largo del camino.
Cuando empecé a extenderles la mano y a celebrar su éxito me di cuenta de que eso me traía más dicha que mis propios éxitos.

Ahora trato de celebrar con toda la gente que puedo, no sólo con mi familia, amigos y colegas más cercanos, sino también con la gente que está más lejos de mi círculo. Entre más gente animo y ayudo a obtener éxito, más me agrada. Si usted ayuda a mucha gente, la fiesta nunca termina."

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