lunes 6 abril, 2020
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SALUD MENTAL

Psicología Positiva: más feliz es dar que recibir

Bajo esta denominación lleva 20 años de historia pero sus principios han sido perpetuados por milenios en diferentes culturas y filosofías. El padre de esta corriente afirmó que el objetivo es “hacer mejor la vida de todos” sin basarse en el problema. Por eso se enfoca en el sentido de vida como un componente del bienestar, al igual que en la Biblia.

La Psicología Positiva trabaja las fortalezas de las personas, y es el punto de vista para afrontar las debilidades o fortalezas menores. ¿En qué contexto surgió y por qué? ¿Cuáles son sus implicancias?

Fin del milenio y nuevas perspectivas

Ningún campo de estudio ni disciplina se mantiene indemne a las circunstancias en las que se inscribe. Las maquinarias científicas responden, guste o no, a ciertas condiciones de producción.

La Psicología ha sido una de las áreas que más fácilmente demostró aquella simbiosis. En sus primeras décadas, anteriores a las Guerras Mundiales, el enfoque estaba puesto en el refuerzo de la productividad de las personas.

Durante la posguerra, con el Viejo Continente diezmado, una economía global incierta y muchas deudas culturales, el concepto de sufrimiento pasó a ser la perspectiva eje para aliviar el dolor, diagnosticar trastornos relacionados, superar traumas, etcétera.

Esta orientación negativa implicaba el imperativo de la rehabilitación ya que el énfasis estaba en el déficit, el riesgo de vulnerabilidad y el fatalismo. Se relacionaba al concepto de enfermedad que sigue el curso del diagnóstico, pronostico, curación y prevención.

El siglo XX continuó sumando años y aunque no cesaron los conflictos bélicos, la sociedad mundial intentó sobrellevarlos. En este contexto, en 1998 Martin Seligman expone en su discurso inaugural como presidente de la American Psychological Association la teoría de la Psicología Positiva: virar el sentido centrado en la patología para pensar en las potencialidades de los sujetos.

“La psicología no es una mera rama del sistema de salud pública, ni una simple extensión de la medicina, nuestra misión es mucho más amplia. Hemos olvidado nuestro objetivo primigenio, que es el hacer mejor la vida de todas las personas” Martin Seligman

Psicólogo Martin Seligman

Investigar la sabiduría pasada

Durante las últimas décadas del siglo XX se percibió una tendencia a estudiar nociones descentradas del sufrimiento, como el apego y la resiliencia, lo que preparó las condiciones para que surja una nueva corriente positiva integral.

Sin embargo, muchos de los conceptos que plantea encuentran su precedente en culturas milenarias orientales, incluso puede llegar a afirmarse que no trajo mayores novedades sino que las ordena en una visión y práctica precisa de intervención.

Por otro lado pareciera encontrar inspiración en la filosofía clásica desde la que se permea el énfasis en la vida interior, la voluntad, el coraje, la fortaleza ante la adversidad y la tranquilidad de espíritu.

Algunos de estos supuestos explican Duckworth, Steen y Seligman en su libro Positive psychology in clinical practice, cuando argumentan que “toda la psicología positiva no consiste más que en llevar a cabo una investigación empírica de la sabiduría del pasado utilizando la tecnología o instrumental psicológico actual”.

“Nadie sabe la fortaleza de su mente, ni la fuerza de su aplicación regular y constante, hasta que la ha probado”.

Locke
Meditar como práctica de salud mental

PERMA

La Psicología Positiva se define como el estudio científico de las experiencias y rasgos individuales positivos, las instituciones que facilitan su desarrollo y los programas que ayudan a mejorar la calidad de vida de los individuos, mientras previene o reduce la incidencia de patologías.

No solo el área clínica se vio beneficiada por estos avances sino también la educación y la gestión de instituciones.

Fue así que parte de sus primeros avances decantaron en la categorización de las emociones positivas según el tiempo:

  • en el presente la alegría, tranquilidad, euforia, placer y la experiencia óptima
  • en el pasado la satisfacción, complacencia, realización personal, orgullo y serenidad
  • en el futuro optimismo, esperanza, fe y confianza.

Para Seligman la felicidad comprendía el placer, el compromiso y el sentido de vida como tres caras de una misma moneda. Empero, como podía esperarse, con el tiempo se abonó la teoría con mayor precisión.

De esta forma entendió que la felicidad por sí sola no debía ser el núcleo sino la búsqueda del bienestar. Llegado este punto desarrolló el modelo PERMA que es un acrónimo de las cinco iniciales de sus componentes en inglés. Desagregados son:

1. Aumentar las emociones positivas para convertirlas en herramientas para lidiar con las negativas y no simplemente reemplazarlas.

2. Compromiso al poner en práctica las fortalezas personales de modo que permitan entrar en “flow”, o también denominado estado óptimo de activación.

3. Favorecer y nutrir las relaciones positivas como factor de apoyo y protección.

4. Sentido de vida y pertenencia a algo mayor

5. Establecimiento de metas con el consiguiente éxito y sentido del logro

Para Santo Tomás  la personalidad saludable incluía prudencia, justicia, fortaleza y templanza

Santo Tomás

Llevado a la práctica

La apariencia, la inteligencia y el dinero son tres factores que podrían considerarse necesarios para el bienestar en el imaginario popular. Sin embargo, explican sólo el 10% del total de las varianzas para alcanzar este estado.

En contraste con aquella noción de la felicidad como resultado de las cosas buenas que le ocurren a alguien, los resultados de las investigaciones experimentales demuestran que son las emociones positivas las que “conducen a mayores éxitos académicos y profesionales, mejores matrimonios, buenas relaciones, mejor salud mental y física, así como mayor longevidad y resiliencia”.

Bajo este paraguas conceptual, las metas terapéuticas ya no se reducen al alivio de los problemas sino también a promover a las personas con o sin problemas a llevar una vida plena. Para lograrlo se han difundido y utilizado principalmente tres técnicas a la luz de la perspectiva positiva:

1) El saboreo: mirar una película con un ser querido puede volverse tortuoso si la cocina sigue sucia o si al día siguiente hay un trabajo incompleto que entregar. Por el contrario, saborear las emociones y potenciarlas es una estrategia para maximizar el impacto de las cosas buenas que suceden en la vida. Consiste en hacer consiente el placer y esforzarse para que permanezca.

2) Agradecimiento: la actitud de gratitud personal e interpersonal está directamente relacionada a bajos niveles de depresión y altos de satisfacción

3) Enfocarse en las fortalezas de carácter: mayormente útil en casos de historias con discapacidades, ya que todos tienen fortalezas que se pueden afianzar para superar sus debilidades.

Sentido de vivir compartido

Para Seligman hay tres rutas de acceso al bienestar: experimentar emociones positivas, comprometerse a una tarea que genere la sensación que el tiempo se detiene y tener un sentido de vivir. Pero es la última la que está vinculada a pensar la persona como sujeto social.

En un mundo cada vez más individualizado y atomizado, tal vez sea esta la vía de escape hacia una realidad compartida, dónde la felicidad no empiece y termine en un mismo ser sino que conforme todo un ecosistema en la sociedad.

Se trata de aplicar las propias fortalezas hacia un objetivo más grande, abarcador, y que engendre el beneficio de potenciar las virtudes de la comunidad, familia, escuela o el trabajo.

Al igual que otros pilares de la Psicología Positiva, el sentido de vivir es una necesidad del ser humano desde que existe la historia registrada. En esta dimensión oscilaron todas las religiones y cultos.

No obstante, desde la nueva corriente inaugurada por Seligman, se ha estudiado la espiritualidad y la religión ya no como sinónimos, sino como constructos complementarios que incluso no siempre aparecen juntos en los sujetos.

En un contexto antipático a los cultos y clases de adoración, la Psicología Positiva arriba para traer a la memoria colectiva la importancia de la espiritualidad y la relevancia de los beneficios no únicamente individuales sino compartidos.

Sin embargo, es en la Biblia dónde se plasmó en primer lugar este principio: el sentido de vida que forja la felicidad reside en vivir para, con y por otros.

Como dijo el apóstol Pablo en un discurso registrado en Hechos:

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”. Hechos 20:35

Jesús lavó los pies de sus discípulos para enseñarles de la verdadera fuente de felicidad

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