miércoles 28 octubre, 2020
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COMENTARIO

“Shtisel”: La puja por dominar la consciencia

El deber y la pasión tensionan el relato de la serie de dos temporadas, incorporada en Netflix este año. Con un ritmo y una perspectiva diferente a otras producciones centradas en la comunidad judía ortodoxa, propone un acercamiento más humano a las implicancias diarias de su religión.

Shtisel: La puja por dominar la consciencia, entre las normas y los impulsos del corazón.

El fenómeno “Poco ortodoxa”

Dados los índices elevados de consumo audiovisual desde la declaración de la pandemia, se dio inicio a un fenómeno impulsado por “Poco ortodoxa” que introdujo el espíritu de la cultura judía ortodoxa en los hogares alrededor del mundo.         

No obstante, el programa fue precedido por otras producciones que le abrieron lugar en las plataformas on demand tales como el film "One of us" y la serie "Shtisel", realizada entre 2013 y 2016 pero incorporada recién este año a Netflix.

Con una narrativa no forzada, “Shtisel” retrata a una de las comunidades regidas por mandatos ancestrales que está ubicada geográficamente en Geula, un barrio céntrico de Jerusalén dónde se habla en idish y hebreo.

Sin embargo, presenta un giro respecto a sus antecesoras ya que aquí el acercamiento al jasidismo es ciertamente más humano y no define héroes versus villanos: la satisfacción, gratificación, el disfrute y la vulnerabilidad existen a la par del sufrimiento y la culpa.

Además, el florecimiento de aquellos sentimientos y emociones se deja ver debido a que no se desenvuelve en torno a un solo nudo problemático sino que transcurre como la vida de los propios personajes, entre el amor, la inocencia, los conflictos familiares y laborales, la culpa, el resentimiento y, por supuesto, la religión. 

La pandemia en Geula, Jerusalén

Retrato jasídico

Una melodía hebrea hila la totalidad del argumento y tiñe de nostalgia y solemnidad el comportamiento más espiritual de los judíos ortodoxos.

La serie de dos temporadas sostiene su propio ritmo y sin apuros coincide con los tiempos que guían a sus personajes. En aquella parsimonia permite al espectador adentrarse en detalles nunca antes advertidos sobre esta cultura religiosa.

Por ejemplo, al lado de todas las puertas de entrada siempre hay dos o más ganchos para colgar el sobretodo y el sombrero. O que a los 27 años las personas ya son catalogadas de “defectuosas” si no han contraído matrimonio. O que las mujeres casadas pueden llegar a pasar una noche entera llorando si su cabello ha quedado al descubierto ante otros aunque sea por un momento de descuido.

“Shtisel” propone un recorrido por aquellas vidas inusuales para la mayoría del público, en las que reina un espíritu de hospitalidad y respeto ante la autoridad.

Con todo, para alcanzar un entendimiento más completo, hay algunos elementos sin explicación a simple vista, tales como:

- El peot

También denominado peiot, deriva de la palabra pea que significa literalmente esquina o lado y son los rulos a los costados de la cara que portan todos los varones. Este accionar se fundamenta en porciones de la Torá como Levítico 19:27 que registra “no raparéis en redondo vuestra cabeza, ni os recortaréis los bordes de la barba”.

Aunque hay muchos estilos para llevar a cabo el mandato y cada uno representa a diferentes subgrupos, en rasgos generales se interpreta que la parte que no deben rasurarse es el cabello frente a las orejas que se extiende debajo del pómulo, a la altura de la nariz.

- Oraciones

Otro aspecto que puede percibirse familiar al espectador aunque desconociendo el motivo, es la oscilación que hacen los jasídicos con el cuerpo al orar. Consta con regulaciones específicas y busca representar el movimiento de una vela al titilar y pretender extenderse hacia lo alto.

Paralelamente es una interpretación del Salmo 35:10 de David en el que se figura a la adoración como un acto no sólo mental sino corpóreo.

- Pelucas

El cabello brillante que lucen las mujeres casadas son en realidad pelucas que están obligadas a colocarse para interactuar con otras personas, a excepción de sus esposos.

Esconder el pelo es visto como un acto de modestia que va acompañado por los modales y la vestimenta. El cuerpo es parte de la intimidad y es reservado para su espacio más privado, así como el cabello es considerado un simbolismo casi sagrado que debe ser resguardado y reservado.

Positivamente ven en estos preceptos la oportunidad de acercarse al alma de la persona sin influenciarse por lo material

- La mezuzá

Niños y adultos tocan el costado de las puertas y se besan la mano cada vez que entran o salen de las casas u oficinas. Se trata de una muestra de respeto hacia la mezuzá, un fragmento de pergamino con dos versículos (Devarim o Deuteronomio 6:4 y 11:13-21) contenido en una cajita colocada en los umbrales.

Dependiendo de la interpretación del rabino, existen múltiples metodologías para aplicar este mandato pero todas están centradas en recordar la vigilancia divina y dedicación especial que los identifica como pueblo.

Mujeres jasídicas

La puja por la consciencia

A pesar que la trama no se desenvuelve acerca de un problema particular sino sobre el propio devenir de la vida de los personajes, Shtisel exhibe sus fluctuaciones constantes entre el deber ser y las inclinaciones naturales. 

De esta forma, la serie comprueba la vulnerabilidad intrínseca al ser humano y devela el interior de aquellas vidas acorraladas por la culpa religiosa.

Aunque los patriarcas son toscos y estrictos, en la intimidad desnudan su debilidad. Aunque los mandatos hacia las madres y esposas son infinitos, en la cotidianeidad demuestran su imposibilidad. Aunque los varones han de estudiar continuamente la Torá, llegan a quemarse la piel para mantenerse despiertos y poder seguir.

Esta tensión entre el deseo de liberarse de todos los ritos y a la vez cumplir con las expectativas atribuidas, conduce las historias de vida en Shtisel.

Akiva responde a los impulsos propios de un artista que intenta conciliar con la idea de la familia tradicional. Su hermano, Zvi Arie, aparenta ser el hijo que ha hecho todas las cosas bien pero también arriba a la encrucijada entre el deber y el deseo.

Shulem, su padre, encarna las mayores contradicciones entre la frivolidad y la ternura. Conoce a la perfección las reglas pero se permite concesiones sutiles a cuestas de su propia conciencia.

Capitulo tras capitulo, la producción revela el intento de calmar la puja entre el corazón y la mente por dominar la conciencia.

En la historia, además de conmover, desfila la lucha entre el mundo moderno y las tradiciones ancestrales, la familia y el rencor, lo conocido y la curiosidad, las normas y la pasión.

Akiva, el personaje principal

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El deber y la pasión tensionan el relato de la serie de dos temporadas, incorporada en Netflix este año. Con un ritmo y una perspectiva diferente a otras producciones centradas en la comunidad judía ortodoxa, propone un acercamiento más humano a las implicancias diarias de su religión.

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