viernes 18 septiembre, 2020
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JOSAFAT, JESÚS Y DAVID

Tres mensajes de la Biblia para días de pandemia

Aferrarse a las historias antiguas y las promesas eternas resultan muy importantes en las horas de incertidumbre, temor y dolor. Aquí tres salvavidas en la tormenta:

Texto N°1

Luego de la muerte de Salomón, el Reino se había dividido: Israel de un lado, presa fácil del Imperio Asirio; Judá por el otro, que sobrevivió mientras conservó la protección de Jehová, hasta el ascenso de Nabucodonosor, rey de Babilonia, profetizado por Jeremías.

La acción de este relato transcurre durante el reinado de Josafat, hijo de Azuba, hija de Silhi; y Asa, su padre bendecido por Dios. Josafat fue el 6to. rey de la casa de David y el 4to. del Reino de Judá

Un dato antes del relato: él, que gobernó 25 años Judá, caminó con Jehová pero no fue perfecto porque "no quitó todos los santuarios paganos, y la gente nunca se comprometió por completo a seguir al Dios de sus antepasados".

Aquella condición y sus equivocaciones permiten lograr una mayor cercanía entre aquellos acontecimientos y nuestra cotidianeidad del año 2020.

Josafat fue bendecido por Dios porque en el 3er. año de su reinado envió príncipes, levitas y sacerdotes por todo Judá para enseñar al pueblo los principios de la Ley de Dios.

Pero cometió varios errores. Por ejemplo,

  • con el afán de hacer las paces con el reino de Israel, eligió a Atalía, idólatra hija del rey Acab como esposa para su hijo;
  • Dios envió al profeta Jehú a reprender fuertemente a Josafat por su relación con el malvado Acab, pero Josafat aceptó la invitación de Acab de ir juntos a la batalla de Qarqar, para reconquistar Ramot de Galaad: en el 853 a. C. un ejército aliado de 12 reyes, dirigidos por el rey de Damasco, Hadadezer o Ben-Hadad II; y Acab, rey de Israel fueron derrotados por el rey asirio Salmanasar III, y Acab fue herido de muerte;

Al volver del norte, Josafat continuó las reformas religiosas iniciadas por su padre, y también organizó la institución judicial en Jerusalén.

Entonces llegó la amenaza de la Triple Alianza contra su Reino, relatada en 2 Crónicas 20:

"Después de esto, los ejércitos de los moabitas y de los amonitas, y algunos meunitas le declararon la guerra a Josafat.
Llegaron mensajeros e informaron a Josafat: «Un enorme ejército de Edom marcha contra ti desde más allá del mar Muerto; ya está en Hazezon-tamar». (Este era otro nombre para En-gadi)
."

  • Ben-Amí, patriarca del pueblo amonita, fue el hermano de Moab, patriacra del pueblo moabita; ambos fueron hijos de Lot, sobrino de Abraham, resultados del incesto de Lot y sus dos hijas, quienes lo emborracharon al creerse en la obligación de asegurar la descendencia tras la destrucción de Sodoma y Gomorra. Ambos pueblos adoraban a Moloch, símbolo del fuego purificante, y por ese motivo sacrifican niños en el fuego.
  • La palabra hebrea ʼĔḏôm significa ‘rojo’, y era el color del cabello de Esaú, hermano gemelo de Jacob, ambos hijos de Isaac. Esaú, patriarca del pueblo edomita, fue el cazador que vendió su progenitura a Jacob por un plato de legumbres. Edom era el apodo de Esaú (que significa ‘peludo’), y se instaló en la región al sur del Mar Muerto, en derredor de la cadena montañosa Seir (que también significa ‘peludo’), en la llamada Idumea, famosa por la arenisca roja de su topografía. Los edomitas adoraban reyes de la fertilidad.
  • La alianza era numerosa en guerreros y recursos, y Judá tenía un grave problema porque en esa circunstancia tan crucial no contaba con aliados. La amenaza era terrible y dramática. Solamente podía buscar la defensa misericordiosa de su Dios.
"Después de consultar con el pueblo, el rey nombró cantores que caminaran delante del ejército cantando al Señor y alabándolo por su santo esplendor."

"Josafat quedó aterrado con la noticia y le suplicó al Señor que lo guiara. También ordenó a todos en Judá que ayunaran.
De modo que los habitantes de todas las ciudades de Judá fueron a Jerusalén para buscar la ayuda del Señor.

Josafat se puso de pie ante la comunidad de Judá en Jerusalén, frente al nuevo atrio del templo del Señor,
y oró diciendo: «Oh Señor, Dios de nuestros antepasados, solo tú eres el Dios que está en el cielo. Tú eres el gobernante de todos los reinos de la tierra. Tú eres fuerte y poderoso. ¡Nadie puede hacerte frente!
Oh Dios nuestro, ¿acaso no expulsaste a los que vivían en esta tierra cuando llegó tu pueblo Israel? ¿Acaso no les diste esta tierra para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham?

Tu pueblo se estableció aquí y construyó este templo para honrar tu nombre.
Ellos dijeron: “Cuando enfrentemos cualquier calamidad, ya sea guerra, plagas o hambre, podremos venir a este lugar para estar en tu presencia ante este templo donde se honra tu nombre. Podremos clamar a ti para que nos salves y tú nos oirás y nos rescatarás”.

»Ahora mira lo que los ejércitos de Amón, Moab y del monte Seir están haciendo. Tú no permitiste que nuestros antepasados invadieran esas naciones cuando Israel salió de Egipto, así que las rodearon y no las destruyeron.
¡Mira cómo nos pagan ahora, porque han venido para echarnos de tu tierra, la cual nos diste como herencia!
Oh Dios nuestro, ¿no los vas a detener? Somos impotentes ante este ejército poderoso que está a punto de atacarnos. No sabemos qué hacer, pero en ti buscamos ayuda»
.

Mientras todos los hombres de Judá estaban de pie ante el Señor junto con sus esposas, sus hijos y aun los niños pequeños,
el Espíritu del Señor vino sobre uno de los hombres allí presentes. Se llamaba Jahaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, un levita, quien era un descendiente de Asaf.
Dijo: «¡Escuchen habitantes de Judá y de Jerusalén! ¡Escuche, rey Josafat! Esto dice el Señor: “¡No tengan miedo! No se desalienten por este poderoso ejército, porque la batalla no es de ustedes sino de Dios.
Mañana, marchen contra ellos. Los encontrarán subiendo por la cuesta de Sis al extremo del valle que da al desierto de Jeruel.
Sin embargo, ustedes ni siquiera tendrán que luchar. Tomen sus posiciones; luego quédense quietos y observen la victoria del Señor. Él está con ustedes, pueblo de Judá y de Jerusalén. No tengan miedo ni se desalienten. ¡Salgan mañana contra ellos, porque el Señor está con ustedes!”».

Entonces el rey Josafat se inclinó rostro en tierra y todo el pueblo de Judá y de Jerusalén hizo lo mismo en adoración al Señor.
Después los levitas de los clanes de Coat y de Coré se pusieron de pie para alabar a viva voz al Señor, Dios de Israel.
Temprano a la mañana siguiente, el ejército de Judá salió al desierto de Tecoa. De camino, el rey Josafat se detuvo y dijo: «¡Escúchenme, habitantes de Judá y de Jerusalén! Crean en el Señor su Dios y podrán permanecer firmes. Créanles a sus profetas y tendrán éxito».
Después de consultar con el pueblo, el rey nombró cantores que caminaran delante del ejército cantando al Señor y alabándolo por su santo esplendor. Esto es lo que cantaban:

«¡Den gracias al Señor;
su fiel amor perdura para siempre!».

Cuando comenzaron a cantar y a dar alabanzas, el Señor hizo que los ejércitos de Amón, de Moab y del monte Seir comenzaran a luchar entre sí.
Los ejércitos de Moab y de Amón se volvieron contra sus aliados del monte Seir y mataron a todos y a cada uno de ellos. Después de destruir al ejército de Seir, empezaron a atacarse entre sí.
De modo que cuando el ejército de Judá llegó al puesto de observación en el desierto, no vieron más que cadáveres hasta donde alcanzaba la vista. Ni un solo enemigo había escapado con vida.
El rey Josafat y sus hombres salieron a recoger el botín. Encontraron una enorme cantidad de objetos, vestidos y otros artículos valiosos, más de lo que podían cargar. ¡Había tanto botín que les llevó tres días solo para juntarlo!
Al cuarto día se reunieron en el valle de la Bendición, el cual recibió ese nombre aquel día porque allí el pueblo alabó y agradeció al Señor. Aún se conoce como valle de la Bendición hasta el día de hoy.
Luego todos los hombres volvieron a Jerusalén, con Josafat a la cabeza, rebosando de alegría porque el Señor les había dado la victoria sobre sus enemigos.
Entraron a Jerusalén al son de arpas, liras y trompetas, y se dirigieron al templo del Señor.
Cuando todos los reinos vecinos oyeron que el Señor mismo había luchado contra los enemigos de Israel, el temor de Dios se apoderó de ellos.
Así que el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le había dado descanso por todo el territorio.
(…)".

Texto N°2

El siguiente relato fue mencionado por el papa Francisco en su oración el viernes 27/03 desde una vacía Plaza de San Marcos, pero seguido por miles a través de Internet.

El tema vale la pena profundizarlo: la tempestad calmada por Jesús, historia que en la Biblia tiene tres versiones:

** "Luego Jesús entró en la barca y comenzó a cruzar el lago con sus discípulos.
De repente, se desató sobre el lago una fuerte tormenta, con olas que entraban en el barco; pero Jesús dormía.
Los discípulos fueron a despertarlo:
—Señor, ¡sálvanos! ¡Nos vamos a ahogar! —gritaron.
—¿Por qué tienen miedo? —preguntó Jesús—. ¡Tienen tan poca fe!
Entonces se levantó y reprendió al viento y a las olas y, de repente, hubo una gran calma.
Los discípulos quedaron asombrados y preguntaron: «¿Quién es este hombre? ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!»
."
Mateo 8:23-27

** "Al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago».
Así que dejaron a las multitudes y salieron con Jesús en la barca (aunque otras barcas los siguieron).
Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua.
Jesús estaba dormido en la parte posterior de la barca, con la cabeza recostada en una almohada. Los discípulos lo despertaron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?», gritaron.
Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!». De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma.
Luego él les preguntó: «¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?».
Los discípulos estaban completamente aterrados. «¿Quién es este hombre? —se preguntaban unos a otros—. ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!
»."
Marcos 4:35-41

** "Cierto día Jesús les dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago». Así que subieron a una barca y salieron.
Mientras navegaban, Jesús se recostó para dormir una siesta. Pronto se desató una tormenta feroz sobre el lago. La barca se llenaba de agua y estaban realmente en peligro.
Los discípulos fueron a despertarlo: «¡Maestro! ¡Maestro! ¡Nos vamos a ahogar!», gritaron.
Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y a las tempestuosas olas. De repente la tormenta se detuvo, y todo quedó en calma.
Entonces les preguntó: «¿Dónde está su fe?».
Los discípulos quedaron aterrados y asombrados. «¿Quién es este hombre? —se preguntaban unos a otros—. Cuando da una orden, ¡hasta el viento y las olas lo obedecen!»
."
Lucas 8:22-25

La promesa nunca fue una bonanza ininterrumpida ni una vida sin experiencias amargas o peligrosas.

El clérigo Michael Keene afirmó que el Mar de Galilea o lago de Genesaret o lago Tiberiades era conocido por sus repentinas tormentas.

Con un perímetro de 53 km y una superficie de 166 km2, es el lago de agua dulce más grande del mundo, y la revista 'Pulpit Commentary' atribuye las tormentas repentinas a los vientos que surgen en las cumbres del Monte Hermón.

En una de sus orillas se encuentra Cafarnaúm o Cafarnaún o Capernaúm, antiguo poblado pesquero, frecuentado por Jesús, y lugar de origen de los apóstoles Simón Pedro y su hermano mayor Andrés; y de Santiago el Mayor o Jacobo y su hermano Juan, ambos hijos de Zebedeo.

Aquella historia tiene relación con el presente.

Los discípulos estaban en un pequeño bote de pesca, cuándo se encontraron con una gran tormenta, percance que en griego se llama “seismos”, que significa “una sacudida”, origen de la palabra técnica de terremoto.

La mayoría de ellos eran pescadores que conocían ese mar, pero la tormenta era mayor.

El clérigo anglicano John Clowes comentó que al preguntar "¿Por qué tenéis miedo?", Jesús estaba pidiendo a sus discípulos que exploraran en sus propias mentes la causa y el origen del miedo.

Todo temor se origina en la brecha entre el afecto y el pensamiento natural vs. el afecto y el pensamiento espiritual.

Y preguntando "¿Todavía no tienes fe?", Jesús estaba manifiestamente que algo sucedía con sus principios espirituales.

Constantemente, dondequiera que iba, Jesús se encontraba rodeado por multitudes que acudían buscando cura a sus enfermedades físicas o espirituales.

Jesús les dedicaba largas sesiones de enseñanza. No es de extrañar, por lo tanto, que Jesús estuviera agotado físicamente, y necesitara descansar del bullicio.

Aunque fueran los discípulos quienes se encargaron de despedir a la multitud, fue Jesús quien eligió pasar al otro lado, hacia la costa oriental del mar de Galilea.

Pero el hecho de andando junto a Jesús no nos librará de atravesar por tormentas y tempestades en la vida.

La promesa nunca fue una bonanza ininterrumpida ni una vida sin experiencias amargas o peligrosas.

Sin embargo, hay dos certezas:

  • Que Jesús estará durante todo el camino.
  • Y de que nada podrá impedir que lleguemos "al otro lado".
  • ¿Jesús sabía que ocurriría una tempestad, pero sin embargo les hizo cruzar el mar en ese momento?
  • ¿Era necesario una importancia práctica y no sólo teórica de qué es la fe?

Jesús había explicado el poder de una fe tan pequeña como una semilla de mostaza pero ¿tendrían los discípulos una fe semejante?

Jesús nunca los / nos colocaría en una situación para la que sabe que no estaban / no estamos preparados.

Jesús nunca nos dejará solos en esa situación.

Pero Jesús estaba en la popa, durmiendo profundamente.

  • Jesús estaba agotado, necesitaba descanso.
  • Jesús confiaba en su Padre celestial. Por eso podía tener un sueño tranquilo en medio del mar agitado.

«¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?» Las tribulaciones y pruebas de la vida nos nos quitan todo orgullo y autosuficiencia y sirven para llevarnos ante el trono de la Gracia.

Ellos debían estar pensado: "¿Cómo puedes estar durmiendo tan tranquilo en medio de la tempestad? Despiértate y ayúdanos".

Algunas veces atravesamos por situaciones difíciles y tenemos la impresión de que Dios no se interesa por nuestras dificultades.

Pero uno que aprendió la lección, aconsejó años después:

"Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes."
1Pedro 5:7.

"¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?".

"Luego él les preguntó: «¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?»": Resulta extraña la pregunta a unos hombres que estaban en peligro de perder sus propias vidas. ¿Cómo no iban a estar atemorizados?

Pero Jesús agregó: "¿Cómo no tenéis fe?".

El peligro no era el viento o las olas sino la incredulidad de los discípulos. Nuestros mayores problemas están en nosotros, no en los que nos rodea.

Jesús esperaba que ellos, que acababan de ser testigos de sus milagros y enseñanzas, y a quienes amaba y había pedido que le acompañaran, supiesen que el barco donde iba el Maestro no podía hundirse.

Pero ellos se dejaron llevar por sus sentimientos y emociones en vez de la promesa del Señor.

"¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?": era otra enseñanza. Aquel que dormía era Dios entre nosotros.

Seguramente ellos recordarían las palabras del salmista:

"Gobiernas los océanos;
"dominas las olas embravecidas por la tormenta
."
Salmos 89:9

No habían pensado que quien hacía un momento dormía agotado en la popa de la barca, era Dios.

Jesús no se presentó como los demás profetas que oraban a Dios para que dominara los elementos adversos, sino que intervino como si fuera Dios.

Las palabras que usó, con autoridad, fueron las mismas con las que reprendió al demonio que le había interrumpido en la sinagoga de Capernaum:

«¡Cállate! —lo interrumpió Jesús y le ordenó—: ¡Sal de este hombre!».
Marcos 1:25

¿Debemos entender que esta tormenta había sido provocada por Satanás?

Es cierto que vivimos en un mundo caído.

Por ese motivo, no es descabellado afirmar que detrás de los desastres naturales, de las plagas y de los virus a menudo se encuentra Satanás. Vivimos en un mundo hostil a la bondad, a la felicidad y al amor. Sólo Jesús hace posible la supervivencia.

"El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo."
Hebreos 1:3.

La Tierra, planeta que destruimos a diario, es escenario de huracanes, terremotos, sequías, fuego, epidemias, virus… crueldades, injusticias y maldades.

Pero Jesús prometió ayudarnos. Sólo es necesario creer en su promesa.

"Los que viven al amparo del Altísimo
encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso.
"

Texto N°3

El Salmo 91 está lleno de significado. Pero tener una Biblia abierta en el Salmo 91 no ofrece ninguna protección. Lo único que puede garantizar esa protección es tener una relación personal con Dios, una relación cercana y de confianza, que es el tema del Salmo 91.

Dios responde, Dios cuida, Dios bendice aquellos que hacen de él su escudo. Él hasta envía a sus ángeles para que nos sirvan.

Aquí el texto del Salmo 91:

"Los que viven al amparo del Altísimo
encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso.
Declaro lo siguiente acerca del Señor:
Solo él es mi refugio, mi lugar seguro;
él es mi Dios y en él confío.
Te rescatará de toda trampa
y te protegerá de enfermedades mortales.

Con sus plumas te cubrirá
y con sus alas te dará refugio.
Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección.
No tengas miedo de los terrores de la noche
ni de la flecha que se lanza en el día.
No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad,
ni a la catástrofe que estalla al mediodía.
Aunque caigan mil a tu lado,
aunque mueran diez mil a tu alrededor,
esos males no te tocarán.

Simplemente abre tus ojos
y mira cómo los perversos reciben su merecido.

Si haces al Señor tu refugio
y al Altísimo tu resguardo,
ningún mal te conquistará;
ninguna plaga se acercará a tu hogar.
Pues él ordenará a sus ángeles
que te protejan por donde vayas.
Te sostendrán con sus manos
para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra.
Pisotearás leones y cobras;
¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies
!

El Señor dice: «Rescataré a los que me aman;
protegeré a los que confían en mi nombre.
Cuando me llamen, yo les responderé;
estaré con ellos en medio de las dificultades.
Los rescataré y los honraré.
Los recompensaré con una larga vida
y les daré mi salvación».
"

Amén.

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