viernes 18 septiembre, 2020
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Cuando la Teología es el problema

Desde que comenzó la larga cuarentena de 2020 por el covid-19, y esto provocó el cierre de templos, mezquitas, sinagogas y todos los centros de adoración, algunos quedaron desesperanzados porque perdieron sus lugares de encuentro social ya que, en definitiva, Dios no habita en casa de hombres (Hechos 7:48). El asunto de los edificios es tan accesorio para Dios que permitió al babilonio Nabucodonosor derribar el templo que anheló David y construyó Salomón. El tema permite algunas reflexiones accesorias.

Algunos clérigos y devotos reclamaron con insistencia y prioridad por la reapertura de los centros de adoración, aún asumiendo el riesgo de acortar en forma imprudente la cuarentena o aislamiento social en mitad de una pandemia.

Ellos, sin un edificio para adorar, explicaron que perdían su vínculo con Dios, y hasta su Fe.

Sin duda, una tragedia para ellos.

Pero lo dramático, en verdad, fue que ellos creyeran que el vínculo con Dios se circunscribe a una estructura de cemento o de mármol edificada por manos humanas, cuando la Fe se construye a diario en la relación con Dios, se concurra o no, a un espacio en forma regular.

La pandemia ha resultado muy significativa para los creyentes porque, en el otro extremo, a muchos el aislamiento sí les permitió reencontrarse con los pilares de su creencia en su Dios, renovar su esperanza y reconstruir su Fe.

El tema tiene que ver con dónde se encuentra el centro de la experiencia de vida de un creyente, que no puede resultar ni la doctrina ni el credo sino su relación, personal e intransferible, con Jesús, y el estudio de su Palabra.

Es llamativo que algo tan sencillo, algunos lo conviertan en algo tan complejo.

"La hierba se seca y la flor se marchita,
pero la palabra de nuestro Dios
permanece para siempre."
Isaías 40:8.
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Bienaventurados

Pero nadie puede condenar a nadie.

La experiencia cristiana es una decisión voluntaria de que el Espíritu Santo trabaje en mi mente, sobre mis valores y creencias. La religión de Dios reivindica la libertad del individuo, aún para equivocarse.

El Evangelio de Mateo le dedica tres capítulos al Sermón del Monte que predicó Jesús, una exposición de sus principios.

El último capítulo del Sermón comienza con una advertencia sobre juzgar al prójimo:

"No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes."

Jesús es bien práctico, sencillo y trabaja con los eventos cotidianos. El creador de la teología necesitaba hacerlo tan sencillo que hasta quien no tuviese información suficiente pudiera entenderlo.

Así, antes, en el primer capítulo de los tres, Él deja en evidencia que sus principios no son abstractos sino que son relacionales:

"Dichosos los pobres en espíritu,
porque el reino de los cielos les pertenece.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los humildes,
porque recibirán la tierra como herencia.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los compasivos,
porque serán tratados con compasión.
Dichosos los de corazón limpio,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque serán llamados hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque el reino de los cielos les pertenece
."
Mateo 5:3-10

No es un tema menor que la bienaventuranza inicial, con la que comienza el Sermón del Monte, se refiera a los pobres en espíritu.

Si bien era Dios Hijo, Jesús no comenzó explicando la Doctrina de la Trinidad, por ejemplo, un tema que tanto preocupa a los teólogos. La conceptualización de Dios y un exagerado conocimiento de lo inescrutable resultan vehículos para huir de la comunión con Jesús.

Jesús dijo que Él era el camino, la verdad y la vida, y el único acceso al Padre. Suficiente. A veces pareciera que algunos teólogos, en sus veleidades filosóficas, buscan un camino alternativo, o varios. Es imposible construir el cristianismo sin Cristo. Es poco confiable un Cristo circunscripto a mi Yo.

En el Sermón del Monte hay una advertencia muy severa a los PhD y Doctores en Teología:

"No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento.
Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido.
Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos
.
Porque les digo a ustedes que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley."

La Biblia es la única hoja de ruta, según Él. No hay otra.

La oración sigue siendo el único camino para construir una relación profunda con Jesús.
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El club social

Uno de los grandes problemas de los creyentes, o de quienes dicen serlo, es la fascinación por los 'clubes espirituales', cuando la camaradería horizontal reemplaza a la devoción vertical.

Son muy llamativos los 'clubes VIP', para iniciados en la elucubración. Ellos afirman que la bienaventuranza acerca de los pobres en espíritu tiene excepciones, y ellos definen esas excepciones.

El peligro de los 'clubes espirituales' consiste en que ellos relacionan la experiencia cristiana con la concurrencia al templo. Pero aún, a veces la supeditan. Y establecen ránkings o escalas de religiosidad según la actividad social o institucional en ese ámbito.

Por ese motivo hubo gente, en todos los países, clamando por prioridad de la reapertura de los centros de adoración, tal como si la concurrencia fuese el centro de su experiencia religiosa.

En verdad, una experiencia cristiana es establecer una relación con Jesús, y lo que luego suceda será consecuencia del cambio en cada creyente que el Espíritu Santo realice en la vida de esa persona para cumplir con la misión que Dios tiene para él/ella.

La deformación de la religión comienza en los 'clubes espirituales'. Probablemente se remonta a Alejandría, cuando algunos griegos que querían ingresar al cristianismo pero sin abandonar sus creencias anteriores, hicieron una religión para entendidos, o sea una secta filosófica.

Así, su pasatiempo, primero, pero su devoción, después, consistía en definir a Dios y a todo lo que tuviese que ver con Él. En vez de experimentarlo, se esforzaban por establecer su morfología. Así el cristianismo perdió fortaleza, porque su esencia debía ser la fraternidad, el amor al prójimo y la asistencia aún al desconocido.

Los 'clubes espirituales' se aferran al formalismo, una vía rápida hacia la hipocresía. La grandilocuencia, a veces, es parte del show. Y Jesús lo advirtió:

"Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa.
Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.
Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan
."

En la elucubración filosófica, el cristianismo fue perdiendo la relación con Cristo, y así quedó prisionero del emperador Constantino, quien, necesitado de acabar con esa creencia que transformaba los valores del Imperio, le ofreció convertirse en religión de Estado y así modificó su esencia.

Desde entonces, para los amantes del 'club espiritual' la religión consiste en descubrir herejías y condenarlas, apartando a los herejes. En verdad, criticamos a quien peca diferente a nosotros. Pero el 'club' volvió a establecer sus propias excepciones.

Toda la atención del 'club espiritual' consiste en identificar a los que no opinan tal como ellos. Su consecuencia fue/es que, tanto el libre estudio de la Biblia como la identidad humana del libre albedrío, se perdieron/se pierden entre concilios horrendos.

En verdad, Jesús sigue siendo el único camino, y el mapa está en la Biblia.

La verdad no es un credo, no es un conjunto de doctrinas. La verdad es una persona: Jesús. Que la pandemia no haga perder el foco.

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