Menos gente se compromete con una iglesia pero no es algo malo

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Muchos ya no creen en las instituciones cristianas: Lo bien que hacen. Dios no vive en instituciones.

En 2020, en el 1er. año de la pandemia, el 47% de los estadounidenses dijeron que eran miembros de una iglesia, sinagoga o mezquita, frente al 50% en 2018 y al 73% en 1999. Los números acaban de difundirse en un país que se ufana de ser cristiano desde su nacimiento como los Padres Fundadores.

La membresía se mantuvo en torno al 70% durante 60 años desde que la empresa de investigación de opinión pública Gallup comenzó a medirla en 1937, aunque el porcentaje hubiese comenzado una constante disminución desde el cambio de siglo.

Entrado el siglo 20, más de 9 de cada 10 estadounidenses dijeron que creían en Dios y pertenecían a una religión organizadano es lo mismo una condición que la otra y se desconoce por qué motivo tanto Gallup como los analistas de investigación pública lo relacionan tal como si fuese lo mismo-; y la gran mayoría de los consultados se autodenominaban cristianos.

Gran paradoja y hasta una contradicción, ese número se mantuvo estable durante la ‘revolución sexual’ de los 1960, durante los desarraigados y ansiosos 1970, y durante los 1980 de “la codicia es buena” y «viva el capitalismo«, origen de la Teología de la Prosperidad.

Sin embargo, a principios de la década de 1990, el vínculo histórico entre la identidad estadounidense y la fe se rompió. La no afiliación religiosa comenzó a aumentar sin freno. A principios de la década de 2000, la proporción de estadounidenses que dijeron que no se asociaban con ninguna religión establecida (en los estudios de opinión pública son conocidos como «nones«) se había duplicado.

Entre 2010 y 2020, este universo de ateos, agnósticos y aficionados espirituales se triplicó en tamaño.

El Imperio de los Nones

Así llegamos a lo que la ex periodista de Religion News, hoy en The Washington Post, Sarah Pulliam Bailey, explicó el 29/03:

«La proporción de estadounidenses que se consideran miembros de una iglesia, sinagoga o mezquita ha caído por debajo del 50%, según una encuesta de Gallup. Es la primera vez que sucede desde que Gallup hizo la pregunta por primera vez en 1937, cuando la membresía de la iglesia era del 73%.

(…) En 2020, el 47% de los estadounidenses dijeron que pertenecían a una iglesia, sinagoga o mezquita. La firma de encuestas también encontró que la cantidad de personas que dijeron que la religión era muy importante para ellos se redujo al 48%, un nuevo punto bajo en las encuestas desde 2000.

Para algunos estadounidenses, la membresía religiosa es vista como una reliquia de una generación mayor, dijo Ryan Burge, profesor asistente de Ciencias Políticas en la Eastern Illinois University y pastor de la American Baptist Church.

Los datos de Gallup encuentran que la membresía de la iglesia está fuertemente correlacionada con la edad: el 66% de los adultos estadounidenses nacidos antes de 1946 pertenecen a una iglesia, en comparación con el 58% de los ‘baby boomers’, el 50% de la Generación X y el 36% de los millennials.

Burge dijo que muchos cristianos todavía asisten a la iglesia, pero no consideran que la membresía sea importante, especialmente aquellos que asisten a iglesias sin denominación. Pero no importa cómo midan los investigadores la fe de las personas, está en declive la asistencia, el ofrendar, la autoidentificación, el apego de los estadounidenses a la religión institucional.

Burge, quien recientemente publicó un libro sobre la desafiliación de estadounidenses titulado «Los Nones: de dónde vienen, quiénes son y adónde van», predice que en los próximos 30 años, USA ya no tendrá una religión dominante. (…)

El cristianismo está disminuyendo a un ritmo rápido, pero los estadounidenses todavía tienen puntos de vista positivos sobre el papel de la religión en la sociedad. (…) Los estadounidenses son más propensos que las personas de otros países a decir que su fe religiosa se ha fortalecido durante la pandemia, según el Pew Research Center. (…)».

Robert Hart, en Forbes, brindó alguna precisión al respecto:

«La tendencia coincide con un número creciente de estadounidenses que no expresan una preferencia religiosa, que ha aumentado del 8% en 1998-2000 al 21% en los últimos 3 años, así como con una caída en el número de estadounidenses religiosos que pertenecen formalmente a una iglesia, que ha caído 13 puntos en los últimos 20 años hasta el 60%.

(…) A pesar de esto, la religión, a saber, el cristianismo, sigue desempeñando un papel enorme en la política y la ley, mientras que los ateos siguen siendo uno de los grupos más odiados en Estados Unidos

No es un dato menor. La conclusión inicial es que entre los cristianos hay decepción por el comportamiento de los líderes y sus instituciones pero no necesariamente este distanciamiento incluye a Dios.

El despertar del cambio

Tara Isabella Burton, autora de «Ritos extraños: nuevas religiones para un mundo sin Dios», atribuye el declive en la afiliación religiosa a

  • cambios más amplios que sugieren una mayor desconfianza en las instituciones, incluidas la policía y las empresas farmacéuticas. Algunos estadounidenses están desilusionados por el comportamiento de los líderes religiosos, incluido el escándalo de abuso sexual de la Iglesia Católica Apostólica Romana y la fuerte alineación evangélica blanca con el ex presidente Donald Trump; y
  • las personas mezclan y combinan diversas tradiciones religiosas para crear las suyas propias. Muchas personas que no se identifican con una institución religiosa en particular todavía dicen que creen en Dios, oran o hacen cosas que tienden a estar asociadas con la fe.

«¿Por qué no debería rezar, meditar o asistir a una liturgia, o tal vez me siento más cerca de lo divino cuando puedo hacer algo en privado en lugar de algo que me fue prescrito?» es la pregunta.

Según Burton, las generaciones más jóvenes que crecieron con Internet tienen un tipo diferente de relación con la información, los textos y la jerarquía.

Shadi Hamid, investigador principal de Brookings Institution, argumentó en un ensayo reciente para la revista The Atlantic que lo que alguna vez fue una creencia religiosa ha sido reemplazada por una creencia política en muchas comunidades.

Esto debería preocupar muchísimo a Hamid pero él parece inquieto por otra situación: “El vacío [de la religión] no puede seguir siendo un vacío. Los estadounidenses son creyentes en cierto sentido, y tiene que haber estructuras de creencias y pertenencia. La pregunta es, ¿qué ocupa el lugar de esa afiliación religiosa?«.

La politización de la religión

En 2019 esta situación ya era evidente, el “No religioso” ya era una identidad estadounidense específica, que distingue a los blancos liberales seculares de la derecha evangélica conservadora.

Derek Thompson, redactor de The Atlantic, evaluando el comportamiento estadístico, se preguntó: «¿Qué diablos pasó alrededor de 1990?».

Él citó a Christian Smith, profesor de Sociología y Religión en la Universidad de Notre Dame, que mencionó:

  1. la asociación del Partido Republicano con la derecha cristiana,
  2. el fin de la ‘Guerra Fría’, y
  3. el 9/11 o atentado contra las Torres Gemelas.

Pero sin duda todo se remonta al surgimiento de la derecha religiosa en la década de 1970.

Smith dijo que, en aquellos días, alarmados por la propagación de la cultura secular, que incluyó, entre otros eventos, la revolución sexual, el caso ‘Roe v. Wadedecisión’ (la despenalización del aborto), la nacionalización de las leyes de divorcio sin culpa, etc. etc., volvieron a los cristianos más activos políticamente.

«(…) El Partido Republicano les dio la bienvenida con los brazos abiertos. El partido, que se estaba volviendo más dependiente de su base blanca exurbana, necesitaba una estrategia de base y una plataforma política. En la siguiente década, la derecha religiosa —incluyendo la Coalición Cristiana de Ralph Reed, el Enfoque de la Familia de James Dobson y la Mayoría Moral de Jerry Falwell— se había convertido en monstruos organizadores y de recaudación de fondos para el Partido Republicano. En 1980, la plataforma social del Partido Republicano era un facsímil de los puntos de vista cristianos conservadores sobre la sexualidad, el aborto y la oración escolar.

El matrimonio entre la derecha religiosa y la política proporcionó a Reagan, Bush e innumerables victorias estatales y locales. Pero disgustó a los demócratas liberales, especialmente a aquellos con conexiones débiles con la Iglesia. También conmocionó la conciencia de los moderados, que preferían un amplio margen entre su fe y su política. Smith dijo que es posible que los jóvenes liberales y los cristianos poco afiliados registraran por primera vez su aversión a la derecha cristiana a principios de la década de 1990, después de una década de observar su poderoso papel en la política conservadora. (…)». Con Donald Trump, todo esto se multiplicó.

No es negativo

En definitiva, los líderes religiosos sufren la consecuencia de lo que ellos mismos alentaron. ¿Acaso esperaban alguna evolución diferente? ¿Por qué sucedería algo semejante?

Politizaron la religión, secularizaron lo espiritual, devaluaron a Dios intentando condicionarlo con líderes humanos ¿y creyeron que no provocaría dudas en muchos creyentes?

Llamativo sería que, ingresando a la política partidista en nombre de la Fe, diversos creyentes no tuvieran fisuras, críticas, descreimiento y apartamiento.

Pero ¿quien dijo que es negativo que los creyentes no crean en las instituciones religiosas? Al fin de cuenta, lo único trascendente en cualquier experiencia espiritual es el vínculo directo y sin intermediarios entre el creyente y su Dios.

Jesús se llevó mal con las instituciones. Es más: a Jesús lo asesinaron entre dos instituciones, la del Sanedrin judío y la del Imperio Romano.

Por si quedara alguna duda: el cristianismo arrasó con ambas instituciones en base a laicos muy devotos que se reunían en casas de familia y se vinculaban con creyentes de otras ciudades de la región pero sin compromiso institucional alguno.

El cristianismo deviene en institución cuando algunos clérigos deciden pactar con el emperador Constantino su ingreso al Estado a cambio de diversos beneficios.

Entonces, ¿por qué es negativo que las personas elijan tener una experiencia al margen de las instituciones?

El cristianismo, al menos así nació, espera el regreso del Mesías, y su foco es llevar el Evangelio hasta el último rincón de la Tierra y preparar un pueblo para esa venida. No es un culto en particular. El desafío trata de personas que coinciden en tener una experiencia personal con su Dios. No hay exclusivismos.

Al fin de cuentas, quizás la fragmentación del mundo cristiano resulte consecuencia exclusivo de egos humanos y la búsqueda de beneficios personales.

Entonces, la encuesta Gallup es muy interesante porque demuestra que en el universo de encuestados sigue existiendo una mayoría que sí dice creer en Dios y hasta que eso le resulta importante pero no cree que resulte decisivo mantener un vínculo con un culto en particular. Hay mucho por andar en esa línea no denominacional.

Mala noticia para los recaudadores de diezmos y ofrendas. Pero no es el final de la Fe. Quizás resulte apenas el comienzo de algo nuevo y esperanzador.

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