En Corinto, Pablo estableció una iglesia cristiana que trascendió por las cartas que él le escribió, definiendo buena parte de la teología aún vigente.
Cuando el apóstol Saulo Pablo de Tarso visitó la ciudad de Corinto por primera vez, alrededor del año 50 o 51 d.C., durante su 2do. viaje misionero, se encontró con una vibrante, opulenta y cosmopolita colonia romana.
Al igual que otros judíos de la época, él tenía 2 nombres: Saulo (su nombre hebreo) y Pablo (su nombre romano).
Tiempo después de su encuentro con Jesús, camino a Damasco, cuando se reconvirtió como evangelista, él se llamó Pablo.
Corinto (o Kórinthos) estaba en el estrecho istmo que conecta a Grecia continental con la península del Peloponeso, y tenía 2 puertos fundamentales:
- Lequeo -en el golfo de Corinto, mirando hacia Italia (Europa / Occidente)-, y
- Céncreas -en el golfo Sarónico, mirando hacia Turkiye (puerta de Asia / Oriente)-.

El Diolkos del istmo de Corinto
Para evitar la peligrosa costa del Peloponeso, los barcos pequeños eran llevados por tierra del golfo de Corinto al golfo de Céncreas a través de una plataforma de madera llamada Diolkos (en griego antiguo acrónimo de ‘a través’ y ‘transporte‘): un paso sin riesgo desde el mar Jónico al mar Egeo.
Muchos barcos mercantes acababan destrozados contra los 3 promontorios de la península, en particular el cabo Matapan y el cabo Malea. En contraste, el golfo de Corinto y el golfo Sarónico son aguas abrigadas.
En su lugar construyó la rampa de piedra sobre el istmo, a la que se llamó Diolkos: las embarcaciones eran llevadas por una calzada de entre 6 y 8 kilómetros, que estuvo operativa desde el año 600 a. C. hasta el siglo I d. C., evitando el rodeo de 400 km alrededor de la riesgosa península del Peloponeso.
En concreto: un paso sin riesgo desde el mar Jónico al mar Egeo. Muchos barcos mercantes acababan destrozados contra los 3 promontorios de la península, en particular el cabo Matapan y el cabo Malea. En contraste, el golfo de Corinto y el golfo Sarónico son aguas abrigadas.
Y el viaje por tierra desde el istmo ofrecía una ruta mucho más corta a Atenas.
En el caso de los barcos grandes, sus mercancías se descargaban y transportaban por tierra, aliviando su capacidad de maniobra hasta hacer la circunvalación. Esto convirtió a Corinto en el eje comercial del Mediterráneo.
Corinto sigue existiendo, en el Peloponeso de Grecia, tiene unos 60.000 habitantes pero carece de la prosperidad de la época clásica.
La metrópolis fue fundada en el 750 a.C. en el istmo.
En el 657 a.C., el tirano Cypselus asaltó la ciudad y asumió las riendas del poder. Le sucedió su hijo Periandro, quien pensó en ejecutar un canal que uniera el golfo de Corinto y el mar Egeo para consolidar el negocio portuario pero no pudo hacerlo por limitaciones tecnológicas y el costo financiero.
En su lugar construyó la rampa de piedra sobre el istmo, a la que se llamó Diolkos: las embarcaciones eran llevadas por una calzada de entre 6 y 8 kilómetros, que estuvo operativa desde el año 600 a. C. hasta el siglo I d. C.
Entonces había un paso sin riesgo desde el mar Jónico al mar Egeo. Muchos barcos mercantes acababan destrozados contra los 3 promontorios de la península, en particular el cabo Matapan y el cabo Malea. En contraste, el golfo de Corinto y el golfo Sarónico son aguas abrigadas.
Y el viaje por tierra por el istmo ofrecía una ruta mucho más corta a Atenas.

De Lucio Mumio a Julio César
Según la mitología griega, Corinto fue fundada con el nombre de Éfira por Sísifo, quien fue su primer rey.
No lo menciona Homero, pero sí otras fuentes, que Sísifo tuvo algún problema con Zeus, quien decidió castigar a Sísifo, pero éste logró escabullirse.
Luego, siempre según el relato mitológico, Sísifo logró engañar a Hades, pero cuando falleció de muerte natural debió reencontrarse con Hades, quien lo condenó a un sacrificio cotidiano hasta que lo rescató Hércules.
Lo concreto es que la Corinto griega fue destruida por los romanos en el 146 a.C., por una orden del Senado de la República al cónsul romano Lucio Mumio (Lucius Mummius Achaicus).
Corinto lideraba la Liga Aquea, una confederación de ciudades-estado griegas que desafió la creciente influencia de Roma en la región.
Las fuerzas romanas aplastaron al ejército aqueo en la Batalla de Leucopetra.
Entonces, Corinto, una de las capitales culturales y artísticas del mundo antiguo, fue saqueada, todos los hombres fueron ejecutados, las mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos; y una cantidad de estatuas de bronce, pinturas y obras de arte fueron llevadas a Roma,
En aquel año 146 a.C., ocurrió tambien la destrucción total de Cartago, en el norte de África, y Roma fue la potencia indiscutible de todo el Mediterráneo.
Pero -una paradoja- Julio César refundó Corinto en el 44 a.C., llamándola Colonia Laus Iulia Corinthiensis.
Obvio que fue una contradicción: Roma destruyó Corinto y Roma reconstruyó Corinto.
¿Por qué?
Por su ubicación.
Y Julio César recuperó aquella idea de Periandro de construir un canal. Más adelante en la historia, en el año 67 d. C., el emperador Nerón ordenó que el canal se excavara pero él murió un año después y la obra fue abandonada por costosa.
Lo terminó construyendo, siglos después, el ingeniero húngaro István Türr, con planos de Ferdinand de Lesseps, en base al antiguo trazado de Nerón. Fue inaugurado en noviembre de 1893.

Pablo
Cuando Pablo llegó a Corinto, la ciudad había renacido.
Tenía una población multicultural y dinámica, repleta de hombres de negocios y libertos (ex esclavos romanos a quienes se les habían dado tierras y nuevas oportunidades), e inclusive una comunidad judía significativa con su propia sinagoga.
El centro de la vida pública era el enorme Foro (o Ágora), donde destacaba el Bema, una gran plataforma de piedra desde la cual las autoridades romanas daban discursos y dictaban sentencias.
El historiador y evangelista Lucas relata, en el Libro de Hechos, capítulo 18, que los líderes judíos llevaron a Pablo ante el procónsul romano Galión, acusándolo de violar la ley. Y Galión desestimó el caso desde ese mismo tribunal de piedra.
Inscripciones arqueológicas de la época confirman la existencia de Erasto, el tesorero de la ciudad o “Comisionado de Obras Públicas” convertido al cristianismo, a quien Pablo menciona en sus cartas a los Romanos (16:23) y 2da. Timoteo (4:20), tiempo después.
La religión
La religión en Corinto era tan diversa como su población. Convivían el Templo de Apolo (del siglo VI a.C., restaurado por los romanos) y santuarios a divinidades egipcias tales como Isis y Serapis.
También existía el culto imperial a los Césares y el famoso santuario a Afrodita (para los griegos) / Venus (para los romanos), en la cima del Acrocorinto, fortaleza natural que custodiaba la ciudad.
Venus era la diosa del amor, la belleza, la fertilidad y la victoria.
Su culto fusionado con el de Afrodita, incluía festivales como las Veneralias (que se hacía cada año en un día equivalente al 01/04), cuando las mujeres realizaban rituales de purificación: se bañaban con hojas de mirto y ofrecían flores y plegarias para pedir suerte en el amor, armonía conyugal y belleza.
Esto era diferente a la devoción enfocada en la protección del Estado durante momentos de crisis, lo que sucedió en el templo Venus Erycina (Sicilia), desde el año 215 a.C..
A su vez, desde el siglo 1 a.C., Julio César y otros impulsaron la festividad Venus Genetrix, proclamando a Venus como antepasada divina de la dinastía Julia, la de Julio César, y se le rendía culto como madre y protectora de Roma.

Prostitución sagrada
¿Había prostitución sagrada en Corinto? La prostitución sagrada se inició en Asia pero los investigadores polemizan acerca de sus límites.
Algunos encuentran su origen en un rito matrimonial sagrado entre los reyes de la antigua región del Cercano Oriente de Sumer y las sacerdotisas de Inanna, la diosa sumeria del amor sexual, la fertilidad y la guerra, posteriormente llamada Ishtar.
Según el asiriólogo Samuel Noah Kramer, los reyes establecían su legitimidad participando cada año en un acto sexual ritual en el templo de la diosa de la fertilidad Ishtar, el 10mo. día del festival de Año Nuevo Akitu. El coito representaría la unión entre los dioses mesopotámicos Dumuzid e Inanna.
Es cierto: era una perversión tolerada a los poderosos. Pero luego se popularizó. Hay un relato del historiador Herodoto acerca de lo que sucedía en Babilonia:
La costumbre babilónica más repugnante es la que obliga a toda mujer del país a sentarse en el templo de Afrodita (Ishtar) y tener relaciones sexuales con algún desconocido al menos una vez en su vida. Muchas mujeres ricas y orgullosas, que desdeñan mezclarse con los demás, se dirigen al templo en carruajes cubiertos tirados por caballos y permanecen allí con un gran séquito de sirvientas. Pero la mayoría se sienta en el recinto sagrado de Afrodita, con coronas de cuerda en la cabeza; hay una gran multitud de mujeres que van y vienen; pasillos marcados con líneas atraviesan la multitud en todas direcciones, por donde los hombres pasan y eligen. Una vez que una mujer ha tomado su lugar allí, no regresa a su casa sin que algún desconocido le haya arrojado dinero en el regazo y haya tenido relaciones sexuales con ella fuera del templo; pero mientras arroja el dinero, debe decir: “Te invito en nombre de Mylitta”. No importa la cantidad de dinero; la mujer jamás se negará, pues eso sería un pecado, ya que el dinero se vuelve sagrado con este acto. Así pues, ella sigue al primer hombre que se lo ofrece y no rechaza a nadie. Tras el acto sexual, habiendo cumplido con su sagrado deber para con la diosa, regresa a su hogar; y a partir de entonces, ningún soborno, por grande que sea, la convencerá. De este modo, las mujeres bellas y altas pronto quedan libres para marcharse, pero las poco agraciadas tienen que esperar mucho tiempo porque no pueden cumplir la ley; pues algunas permanecen allí tres o cuatro años. Existe una costumbre similar en algunas partes de Chipre.
Mylitta es una deidad anterior a Afrodita.
El relato que llega de los días romanos afirma que la prostitución sagrada estaba muy extendida en templos de Chipre, Corinto, y Sicilia.
En Corinto, es la trama que se instaló, las sacerdotisas y los devotos realizaban actos sexuales que simbolizaban un “matrimonio divino” para asegurar la fertilidad de la tierra y la comunidad. Y esto permitía recaudar dinero a los templos.
Los visitantes masculinos entregaban donativos o pagos monetarios al templo como una ofrenda a la diosa, a cambio de mantener relaciones sexuales con las sacerdotisas o mujeres consagradas.
A diferencia de la prostitución secular, las mujeres que ejercían la prostitución sagrada gozaban de respeto, ya que eran consideradas servidoras directas de la diosa.
Entonces, el turismo religioso era muy importante para Corinto.
El geógrafo e historiador griego Estrabón, aristócrata que vivió en días del emperador Augusto u Octaviano, autor de los 17 volúmenes de la enciclopedia ‘Geografía‘, afirma que el templo a Venus en Corinto tenía más de 1.000 hieródulas (esclavas sagradas), y que los marinos y comerciantes gastaban fortunas en la devoción tan particular.
Píndaro (siglo V a.C.) ya había mencionado a las “jóvenes hospitalarias, servidoras de Peito en la rica Corinto“, en un fragmento sobre un tal Jenofonte de Corinto, que habría prometido dedicar cortesanas a Afrodita si ganaba en Olimpia (sitio ubicado en la península del Peloponeso, sede de los primeros Juegos Olímpicos, en el siglo VIII a. C.).
Peito o Peitho era la diosa o personificación de la persuasión, la seducción y el encanto amoroso. Píndaro la describe como una divinidad sabia, estrechamente vinculada a Afrodita, que posee la llave de los amores sagrados y es la nodriza del dios del amor.
Sin embargo, otros historiadores sostienen que la prostitución sagrada corintia es, en parte, un mito que se refiere a la Corinto anterior a su destrucción / reconstrucción por los romanos.
Agregan que, en tiempos de Pablo, tal como otras ciudades portuarias ofrecía una amplia prostitución secular, no dentro del Acrocorinto.
En cualquier caso, el término ‘korinthiázesthai‘ (corintizar) era una palabra que se usaba como sinónimo de vida hedonista.
El término ‘muchacha corintia‘ significaba prostituta.
Los Juegos Ístmicos
Cada 2 años ocurría en Corinto un evento deportivo y cultural en honor del dios Poseidón, a quien le habían construido un santuario en Istmia (el istmo), y que en el siglo I d. C. rivalizaba en importancia con los Juegos Olímpicos.
Durante los juegos se celebraban rituales religiosos que incluían libaciones, sacrificios y una procesión en honor de Poseidón, Anfitrite, Leucótea y Palemón.
El programa abarcaba certámenes de atletismo, pugilato, pancracio, pentatlón e hípicos.
Se registran victorias de mujeres tanto en competiciones atléticas como poéticas y musicales pero se desconoce si la participación de las mujeres en estos juegos tenía carácter habitual o era esporádica.
Pablo era fabricante de tiendas y velas de cuero, nunca aceptó un estipendio por su tarea evangelista y estaba orgulloso de autofinanciarse. Sus 18 meses en Corinto junto a sus amigos Priscila y Aquila, que tenían igual profesión, tenía una demanda asegurada.
La tiendas eran muy necesarias para la organización de los Juegos Ístmicos y las velas era imprescindibles para las embarcaciones que llegaban a los 2 puertos de Corinto.
El ambiente deportivo local inspiró la famosa metáfora de Pablo a la iglesia local: “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal manera que lo obtengan” (1 Corintios 9:24).




